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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 12 febrero 2012

Política

POLÍTICA

Rechazó la asistencia de un abogado porque «no tenía nada» de lo que defenderse
05.07.08 -

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José Antonio Jainaga ha criticado que la Guardia Civil convirtiese su detención en «un 'show' injustificado». Lo cierto es que, cuando menos, generó una notable confusión en su entorno. El portero de un portal vecino, que se acercaba hacia su coche para entregarle unos papeles, se dio media vuelta y echó a correr al ver que dos personas armadas se encontraban junto al vehículo del directivo y le obligaban a descender del mismo.
No paró de correr hasta que llegó a la consulta de un médico, situada en el mismo vecindario y entró al grito de «¡han secuestrado al señor Jainaga!, ¡han secuestrado al señor Jainaga!». Allí mismo, relató a los presentes la escena de película que acaba de presenciar.
Cuando el portero y el médico salieron de nuevo a la calle y se acercaron hasta el aparcamiento del consejero delegado de Sidenor, comprobaron que éste y sus 'supuestos' raptores habían desaparecido «Efectivamente -pensaron- le han secuestrado».
El médico no lo dudó un minuto y se encaminó al cuartel de la Guardia Civil de La Salve, en Bilbao. Nada más traspasar la puerta del acuartelamiento, transmitió al número que estaba en ella su deseo de presentar una «denuncia por el secuestro de un empresario». Tras unos minutos de confusión generalizada el 'denunciante' fue informado de que José Antonio Jainaga no había sido secuestrado y que en aquellos momentos se encontraba en las dependencias de ese mismo cuartel.
Otro de los aspectos que más llamaron la atención fue el abultado número de horas que el directivo pasó en manos de la Guardia Civil: 13. Mucho tiempo para una simple declaración. Una conjunción de circunstancias poco controlables y la voluntad del propio empresario hicieron que un testimonio que tan sólo duró 45 minutos se convirtiese en una 'retención' que superó la media jornada.
El primer elemento dilatorio estuvo vinculado a la negativa de Jainaga a designar un abogado para que le asistiese en su declaración. Estaba empeñado en prescindir de la asistencia letrada -«no la necesito», insistía una y otra vez, «no tengo nada de lo que defenderme»- y la Guardía Civil decidió mantenerse fiel al procedimiento y nombrar uno de oficio. El letrado fue avisado en torno a las diez de la mañana, pero estaba asistiendo a otro cliente y no pudo acudir al cuartel de La Salve hasta pasadas las dos de la tarde.
El segundo y decisivo traspiés horario también estuvo provocado por un deseo del ejecutivo, quien a toda costa quería evitar la publicidad sobre lo que estaba sucediendo. Pidió que el traslado a su despacho, donde guardaba las cartas de extorsión que había recibido de ETA y que quiso aportar como pruebas, se realizase en un horario discreto, cuando ya prácticamente no hubiese empleados en las dependencias de la empresa. Desconocía que, desde el mediodía, la noticia de su detención era ya conocida por medio mundo. Cuando entró en la sede de Sidenor acompañado por varios guardias civiles y oyó en la escalera a una empleada de la empresa que hablaba por el teléfono móvil y decía «le estoy viendo ahora mismo y parece que está bien», se dio cuenta que lo suyo ya no era un secreto para nadie.
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