ETA volvió a aparecer en la madrugada del viernes al hacer estallar un artefacto explosivo en un repetidor de radio y televisión situado en la sierra de Elguea, en la división entre Guipúzcoa y Alava. El atentado provocó daños en el muro exterior de la instalación.
El Departamento de Interior aseguró ayer que la bomba colocada por los terroristas estaba compuesta por alrededor de cinco kilos de un explosivo cuya composición se desconoce. Los etarras, según la primera reconstrucción se dirigieron durante la noche hasta el repetidor situado en el monte Urdingain, de mil metros de altura, y dejaron el artefacto en el exterior.
La detonación se produjo a las dos de la madrugada y, según los portavoces de la Ertzaintza, derribó cuatro metros de la valla que protege la instalación de comunicaciones. La onda expansiva, asimismo, llegó a estropear el sistema interno de comunicaciones del repetidor.
Los fallos iniciales en las comunicaciones fueron los que permitieron que se conociera la explosión, ya que el repetidor se encuentra en una zona aislada y el estallido no fue escuchado en los pueblos de los alrededores. Los técnicos de mantenimiento subieron a la sierra por la mañana para buscar el fallo y repararlo y en ese momento descubrieron que no se trataba de un problema interno sino que la antena había sido objeto de un atentado.
Bombas trampa
El dispositivo pertenece a la empresa Intelazpi, creada por el Departamento de Hacienda y dedicada al transporte de señales, en especial, de radio y de televisión. La mayor parte de su trabajo se dedica a dar servicio a EiTB.
El atentado contra esta instalación es el cuarto ataque que lleva a cabo ETA en este año contra instalaciones de comunicaciones en lo que va de año. Dos de los ataques han ocultado bombas trampas colocadas por la banda para intentar matar a los desactivadores que acudieran a examinar los daños.
El primero de los atentados tuvo lugar el 23 de febrero en un repetidor situado en el monte Arnotegi de Bilbao. La banda colocó una bomba en una ventana de la instalación y avisó de su colocación, indicando que estallaría a las diez de la mañana. El dispositivo no explotó en ese momento y reventó dos horas más tarde, cuando los agentes procedieron a moverlo con un robot. Según se averiguó más tarde, los terroristas habían colocado un dispositivo para que acabase con la vida de los artificieros cuando moviesen el artefacto.
El 30 de marzo, ETA atentó contra un repetidor del monte Izarraitz, en Azpeitia, que provocó escasos daños. El 12 de abril ETA repitió el mismo tipo de ataque en la localidad navarra de Lapoblación. En este último sabotaje, los terroristas colocaron dos artefactos con la intención de que estallase una bomba al llegar los artificieros. Un fallo en el montaje evitó que se produjeran heridos.