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Cultura

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El museo Artium propone una experiencia cinematográfica y sensorial
05.07.08 -

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Es un referente básico del cine 'underground' más sucio, fresco, desvergonzado y camp, pero quién iba a decirle a John Waters que iba a convertirse en el padre de una idea que mezcla en un cóctel explosivo el cine y la gastronomía. El realizdor estadounidense dirigió en 1981 la comedia satírica 'Polyester'. Con afán de provocar nuevas sensaciones, el cineasta de minúsculo bigote organizó una serie de proyecciones de su largometraje llamadas Olorama, en las que el público asistente recibía una tarjeta con números y los tenía que ir rascando y oliendo a medida que iban apareciendo en la pantalla. Roberto Berrueco, director del Mecal, el Festival Internacional de Cortometrajes de Barcelona, se inspiró en la propuesta de Waters y creó Gustorama.
Dentro de la exposición Power Food, el Artium ha decidido recrear la idea de Berrueco y ayer puso en marcha Gustorama, una experiencia cinematográfica única en la que los espectadores ejercitan la imaginación, la memoria, el paladar, la visión y la audición. Cristina Redondo daba instrucciones a los primeros invitados, mientras Pablo Grimaldi, del restaurante Cube, ordenaba cuidadosamente los alimentos que iban a ser degustados por el personal. David Cáceres echaba una mano entre bambalinas mientras convidadas como Pilar Caballero y Leticia Melón se ajustaban los cascos a la espera de la proyección.
Cada asistente dispone de una bandeja individual con nueve recipientes con distintos contenidos sorpresa. Algunos hay que olerlos y otros saborearlos, según indiquen las instrucciones en la pantalla. Jesús Mendibil reconoció rápidamente uno de los engaños del juego. «¡No es tomate, es sandía!», proclamó a los cuatro vientos una vez finalizado el filme. «Es que ayer vi un documental sobre la fruta en cuestión y, además, he escuchado que tiene las mismas propiedades que la viagra», apuntaba el inquieto espectador.
Contemplar a la bella Juliette Binoche manipulando chocolate provoca a cualquiera, y si encima degustas un dulce parecido a la nocilla en ese mismo instante, el estímulo es brutal. Así lo entendían participantes como Mikel Tejada, David Madinabeitia, Laura Galán y Amelia Apiñániz, que salieron muy satisfechos de la sabrosa experiencia. A su lado, en otro sofá, participaban en el juego Carlos Múgica, Amelia Uriszar y su hijo, Ibon Múgica. El pequeño fue el que más gozó de la propuesta. Con los auriculares puestos, el chaval perdía la noción del volumen de su voz e iba gritando exaltado todos los sabores y aromas que degustaba.
En el piso superior de la pinacoteca, la experiencia se complementaba con una selección de cortometrajes denominada 'Alimentos en acción'. En ellos, la comida y los alimentos se muestran como objetos con entidad propia capaces de conseguir modificar nuestra conducta y, con ello, nuestra propia vida. Idoia Martínez y Mabel Otero fueron otras osadas espectadoras que ayer deleitaron su vista y su paladar. Hoy, la experiencia continúa. El Artium la pondrá de nuevo en marcha de siete a diez de la noche.
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