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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

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El Gobierno declara el estado de emergencia tras la muerte de cincopersonas durante las protestas de la oposición
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El esperado fraude electoral y la pobreza disparan los disturbios en Mongolia
Varios policías se posicionan frente a la sede del Partido Revolucionario del Pueblo Mongol. / AP
Era una explosión anunciada. El presunto fraude en las elecciones del pasado domingo ha sido sólo la chispa que ha encendido la mecha. Pero era una mecha muy corta, y el país sólo ha tardado dos días en saltar por los aires. Las protestas comenzaron el martes en la capital, Ulan Bator, y ayer ya habían dejado cinco manifestantes muertos y más de cuatrocientos heridos, la mayoría de ellos policías que se vieron incapaces de contrarrestar con pelotas de goma, botes de humo y de gas lacrimógeno, y cañones de agua, las piedras y los cócteles molotov de una enfurecida muchedumbre que destrozó vehículos, mobiliario urbano y escaparates de comercios que luego fueron saqueados.
Como consecuencia del ataque, la sede del Partido Revolucionario del Pueblo Mongol (PRPM), que también gobernó el país durante la época soviética y que teóricamente revalidó su poder en los comicios del domingo al haberse hecho con 46 de los 76 escaños del Parlamento, fue parcialmente incendiada y el presidente del país, Nambaryn Enkhbayar, consciente de que la gravedad de la situación podía aumentar rápidamente, decretó cuatro días de estado de emergencia, el toque de queda de diez de la noche a ocho de la mañana, y avisó por televisión de que «la Policía hará uso de la fuerza necesaria para contener la violencia». Fuego contra fuego.
Enfrentamientos
La amenaza no ha surtido efecto y, como ha podido confirmar este periódico, los enfrentamientos continúan en las calles de Ulan Bator, aunque a menor escala. Ni siquiera el conciliador discurso de una de las figuras principales del partido en el Gobierno, Enkhbayar, que llegó a reconocer irregularidades en la votación y pidió calma para poder dialogar con la oposición sobre el asunto, han calmado los ánimos.
Y es que, como comenta Anar Chack, trabajadora de una multinacional minera con la que conversó ayer por teléfono EL CORREO, «ésta es una protesta más económica que política». Mongolia cuenta con grandes recursos mineros que son explotados por empresas extranjeras que dejan exiguos beneficios en el país. Chack, que reconoce haber votado al opositor Partido Demócrata, considera que «las elecciones eran en realidad un voto de confianza para pedir al nuevo Ejecutivo que obtenga mayor riqueza de esas empresas y la distribuya de forma más equitativa». Algo que los ex comunistas en el Gobierno no han sabido conseguir. Eso sí, sus bolsillos parecen no tener fondo.
La sospecha
Las protestas actuales comenzaron cuando, en dos distritos de Ulan Bator, miembros del minoritario Partido Cívico acusaron al PRPM, ganador en ambos, de fraude electoral. Los resultados no se harán oficiales hasta dentro de un par de días, las cifras se filtraron y, poco a poco, la sospecha se extendió por otros colegios electorales, y votantes como Anar Chack comenzaron a comentar la situación con sus amigos y familiares. Sin duda, el apoyo cosechado en esos círculos por el Partido Demócrata no se correspondía con los 20 escaños obtenidos en las elecciones. «No me cabe duda de que ha habido fraude a gran escala», asegura Chack. Aunque ella no saldrá a las calles a protestar, por miedo a perder su empleo, está segura de que muchos otros sí lo harán «hasta que la verdad salga a la luz».
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