La economía española está estancada o cerca del final de la expansión y su situación se «debilitará» aún más en los próximos meses. No obstante, no entrará en recesión. Ése es el diagnóstico básico que José Luis Rodríguez Zapatero realizó ayer en el Congreso para explicar el periodo de «serias dificultades» que vive el país, del que aseguró que «nos recuperaremos». Pese al aluvión de datos negativos que evidencian el frenazo de la actividad y sus negativas consecuencias sobre el empleo y el consumo, el presidente del Gobierno insistió en negarse a pronunciar la palabra «crisis». Para ello utilizó términos como «deterioro», «empeoramiento» o «coyuntura adversa». Esa actitud le enfrentó no sólo al PP, sino a todos los grupos de la oposición, que le dejaron solo en la defensa de las recetas puestas en marcha por el Ejecutivo y le urgieron a reconocer la gravedad del momento y a actuar en consecuencia. Sólo los socialistas mostraron su confianza en el camino elegido para salir del atolladero.
Con su imagen deteriorada en todas las encuestas por el declive de la economía y sin aliados parlamentarios para encararlo, Zapatero compareció ayer forzado por todos los partidos, salvo el PSOE, que quería aplazar la cita hasta septiembre. El debate generó un agrio enfrentamiento con Mariano Rajoy, que llegó a uno de sus momentos álgidos cuando el jefe del Ejecutivo pidió al líder del PP que no busque en la actual situación una excusa a su derrota electoral. El jefe de la oposición, que usó 15 veces el término crisis, le replicó que sea «un poquito más humilde» y acepte la ayuda que le ofrece para superar la situación.
Adopción de medidas
El dirigente socialista desgranó durante una hora el medio centenar de medidas aprobadas por su Gobierno desde finales de abril ante la «fuerte desaceleración» de la actividad, pero sin anunciar, ni siquiera sugerir, otras iniciativas más contundentes. Entre los pocos datos inéditos de su intervención estuvo la información de que este mes se agilizarán los trámites para reformar las leyes de Enjuiciamiento Civil y Arrendamientos Urbanos, al objeto de dotar de mayores garantías a los propietarios y reactivar el mercado de alquiler de vivienda.
La otra información 'novedosa' que aportó fue la actualización de la factura que deberá pagar España por el encarecimiento del crudo, que ayer marcó un nuevo máximo al llegar a 144,26 dólares por barril. En el último año asciende a 19.000 millones de euros, 3.000 más de lo que anunció el ministro de Industria, Miguel Sebastián, hace apenas un mes. Por ello, Rodríguez Zapatero reiteró su apuesta por el ahorro energético para «no hipotecar con más cargas a las próximas generaciones», al tiempo que anunció un nuevo plan de apoyo a las políticas de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) para el periodo 2009-2011.
También quiso lanzar un mensaje tranquilizador pese al negro panorama económico. Así, aseveró que el gasto social -pensiones, prestaciones por desempleo- y productivo -educación y formación profesional- se mantendrá, e incluso aumentará algo, en los Presupuestos del Estado para 2009, pese a admitir que los ingresos públicos irán a menos.
Zapatero insistió en que las dificultades económicas que atraviesa el país se deben «en buena medida» a factores que «no están bajo control» del Ejecutivo, sobre todo la subida de los precios de las materias primas y la crisis de liquidez financiera internacional.
Sin freno
En este contexto, advirtió de que «ningún Gobierno puede poner freno» al mayor coste de los carburantes ni tampoco a sus impuestos (que aquí vienen marcados por la UE), y menos aún reducir los tipos de interés. Pero «sí podemos generar más renta en las familias», apostilló. En este ámbito situó la devolución (vía IRPF) a 16,5 millones de contribuyentes de unos 400 euros de media y que, según declaró, «algo ayuda». Frente a esa defensa, Mariano Rajoy la tachó como «la medida más antidemocrática que he visto en mi vida» porque beneficia a quien más gana.
«Los datos de la economía española e internacional son elocuentes, pero quiero decir a los ciudadanos que nos recuperaremos». Fue el mensaje final del presidente, quien señaló que el Ejecutivo «asume su responsabilidad y es consciente de los problemas», aunque pareció conceder más importancia a que «las condiciones de partida son las mejores de nuestra historia». Esta afirmación no fue compartida por la oposición. Rajoy le acusó de «engañar a la gente» por elaborar las cuentas públicas con unas previsiones «que se han demostrado falsas». Rodríguez Zapatero le respondió que «engañar es comprometer algo y no cumplirlo», y el Gobierno ha llevado a cabo todas las medidas que anunció.