José Antonio Jainaga está considerado como uno de los ejecutivos vascos de mayor prestigio en la esfera empresarial, gracias a una trayectoria extraordinariamente discreta en lo personal pero que ha estado plagada de éxitos profesionales. Él ha sido uno de los principales artífices de la reconversión de algo que hace tan sólo trece años era un negocio ruinoso de producción de aceros especiales -Sidenor- en una empresa rentable con más de 2.200 empleados, con fábricas en Vizcaya, Guipúzcoa, Cantabria y Madrid y que ocupa un puesto destacado en el mercado siderúrgico europeo.
En la actualidad, la compañía está controlada por la multinacional brasileña del acero Gerdau, que adquirió la mayoría de las acciones de la sociedad a finales de 2005. Jainaga, junto con otros directivos de la empresa, adquirió también en ese momento una participación minoritaria en el negocio y se mantuvo en la empresa como primer ejecutivo.
Jainaga, que está casado y tiene tres hijos, nació en Bilbao hace 54 años, estudió Ingeniería Industrial en la escuela de la capital vizcaína y la empresa Sener fue su primer destino. A principios de los años 80 fue contratado por el grupo francés Michelín, en el que ocupó numerosos puestos de responsabilidad en el área de producción hasta convertirse en uno de sus principales directivos. Trabajó en la planta de Vitoria, fue máximo responsable de la factoría de Lasarte y más tarde se trasladó a vivir a París, ya que la compañía gala le nombró máximo responsable en toda Europa para la producción de neumáticos de turismos.
En 1998, gracias a la mediación de un 'head hunter' -caza talentos- aceptó la oferta que le hizo el grupo Sidenor para convertirse en su director general. El reto profesional pero, sobre todo, la oportunidad de volver a casa, inclinaron la balanza. El entonces presidente de la compañía siderúrgica y principal accionista, el ex viceconsejero de Interior del Gobierno vasco Sabino Arrieta, buscaba un experto en la gestión industrial en quien descansar el 'día a día' de la empresa, que comenzaba entonces a superar la etapa de la crisis aguda para adentrarse en un escenario más tranquilo. La bonanza de la industria del automóvil europea -el principal cliente final del acero que se produce en las instalaciones de Sidenor- y una reconversión total de las antiguas instalaciones empujaron la empresa hacia su salvación.
Afable, usuario permanente de un fino sentido del humor, Jainaga se ha ganado además, entre quienes le conocen de cerca, la fama de ser un «magnífico ser humano». En su vertiente empresarial se ha distinguido por ser un acérrimo defensor de la actividad industrial. «Nadie puede pensar que todo van a ser negocios en internet», decía hace algún tiempo en una entrevista concedida a EL CORREO, en la que sostenía la tesis de que el País Vasco debía luchar por mantener sectores que, como la siderurgia, están considerados como 'maduros'.
El rescate de la empresa
Sidenor era una especie de 'muerto viviente' a principios de los años 90. Era el grupo industrial que el Estado había conseguido formar con los retales de varias empresas históricas hundidas por la crisis: Aceros Echevarría, Aceros de Llodio, Forjas Alavesas, la división siderúrgica de Babcock & Wilcox, Pedro Orbegozo y Aceros y Forjas de Azkoitia. Era una firma 'enchufada' de forma permanente a las ayudas públicas hasta que en 1995, el entonces ministro de Industria, el socialista Juan Manuel Eguiagaray, decidió privatizarla. En aquel tiempo, además del acero producía muchas pérdidas.
En contra de la opinión del Gobierno vasco, que apoyaba otra oferta, el último Ejecutivo de Felipe González decidió vender Sidenor a un grupo de empresarios vascos encabezados por Sabino Arrieta, que habían protagonizado algunas operaciones de reflotamiento de empresas -con desigual fortuna- y que habían reforzado su proyecto con el apoyo de la compañía siderúrgica italiana Rodacciai.
Dos cifras delimitan perfectamente los extremos de los diez años de reconversión de la empresa: fue adquirida al Estado por 13 millones de euros en 1995 y vendida en 2005 a Gerdau por 444 millones.