El comercio vitoriano inauguró ayer la campaña de rebajas más esperada de los últimos años con la esperanza de que los clientes se olviden por unos días del subidón de las hipotecas y aflojen la cartera. Su objetivo, salvar una temporada «muy floja». Por la crisis y por el tiempo, empeñado en alargar el fondo de armario de invierno un par de estaciones más. Y la jornada no fue mal. No hubo colas, pero sí mucho barullo. De ropa -algunos minoristas confiesan que tienen los almacenes llenos- y de clientas en busca de estampados de flores y tirantes que les recuerden que es verano. Porque el público fue mayoritariamente femenino.
Sandra Conde, empleada de la zapatería Ulanka, no paraba de sacar el género acumulado los últimos meses -«han sido muy malos»- y de atender a clientes. «Esta primera jornada ha sido bastante buena. Si seguimos así, lograremos salvar el año».
Algo parecido ha sucedido en Desigual, una tienda de ropa de General Álava, con descuentos del 10, el 30 y hasta el 50%. Aquí también están los almacenes «llenos de artículos», cuenta Alexia Cantabrana, una de las empleadas, convencida de que la crisis «se lleva notando todo el año, aunque a nosotros no nos haya ido tan mal».
La dependienta corta la conversación para atender a Arantxa Pinedo, ya con bolsas en la mano. «No sé qué nos pasa durante las rebajas, que nos volvemos locos. Nos lanzamos a comprar sin tener en cuenta ni la crisis ni nada». Acaba de llegar y está casi decidida a comprarse los pantalones que ha venido a buscar. «Es que trabajo en el centro, y la verdad es que es difícil resistirse a entrar a echar un vistazo».
«Acabas picando»
Eso mismo, «echar un vistazo», rebuscando entre los montones de camisetas es lo que hizo María Luisa Razkin, también con un paquete en la mano. «He venido a hacer tiempo, porque tengo que ir al dentista dentro de un rato, pero siempre acabas picando».
Muy cerca, en Bershka, una de las empleadas, Naiara Boo, «flipaba. Ha venido no mucha sino demasiada gente», lanzó con la vista puesta en la cola de la caja, con una docena de personas en fila india y la impaciencia pintada en la cara.
Para Aída Verdemar, de Pepe Jeans, la mañana fue realmente «horrible». «Hemos tenido la tienda llena durante varias horas y es de esperar que la tarde sea parecida». También en este negocio ha quedado «más ropa que otros años» para las rebajas. Aída espera que estos dos meses les ayuden a arreglar el año «que, según los jefes, ha sido bastante complicado».