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EE UU se encarga de redactar los contratos y recomienda al Gobierno de Bagdad las adjudicaciones
01.07.08 -

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Irak abre su extensa reserva petrolera a firmas extranjeras
Soldados iraquíes protegen un pozo petrolero en la ciudad de Basora. / AFP
Condoleezza Rice había sido rotunda: «Estados Unidos se ha mantenido al margen de la adjudicación de contratos petroleros en Irak. Es un asunto del sector privado», aseguró la secretaria de Estado el mes pasado a la cadena Fox. Sin embargo, el diario 'The New York Times' afirmó ayer que su ministerio «asesora» al Gobierno iraquí en la adjudicación de esos polémicos contratos a petroleras extranjeras.
No sólo el Departamento de Estado, sino el de Comercio, el de Energía y el del Interior. Todos ellos han estado en contacto con el Ministerio de Petróleo iraquí para «ayudarle» a redactar esos contratos y asesorarle sobre cómo debe adjudicarlos. Aparentemente nadie ha propuesto un concurso público, sino que Bagdad negocia directamente con las cinco grandes petroleras de Occidente: Exxon Mobil, Shell, BP, Total y Chevron, estadounidenses, británicas y una francesa. Un consorcio entre la americana Anadarko, la suiza Vitol y la jamaicana Dome podría resultar en un sexto contrato.
Entre las ofendidas ha quedado la rusa Lukoil, la que gestionase explotaciones petroleras en Irak durante el mandato de Sadam Hussein, y aún clama que la ruptura de su acuerdo violó la legalidad internacional. Ayer se esperaba que Irak anunciase la firma de esos contratos, pero en lugar de ello el ministro de Petróleo, Hussein al-Sahristani, abrió la lista a otras 35 compañías, en un desafío a las multinacionales petroleras que en lugar de aceptar vínculos de apoyo técnico temporales quieren hincar el dientes a los pozos con acuerdos de explotación a largo plazo. «Están perdiendo el tiempo», advirtió frustrado el ministro.
El pulso no es nuevo. Cada vez que la prensa estadounidense ha expuesto la connivencia entre ambos gobiernos en temas que debilitan la soberanía nacional de Irak, su Ejecutivo reacciona con rebeldía. Y nada puede despertar más suspicacias entre los iraquíes que la entrega de sus reservas a compañías de los países invasores. El resentimiento es ancestral, ya que en la primera mitad del siglo pasado las compañías británicas, estadounidenses y francesas explotaron el crudo iraquí hasta la nacionalización en 1972.
Regular la distribución
Tal es la reacción que puede desatar que tres senadores demócratas enviaron la semana pasada una carta a Rice en la que pedían que los acuerdos se pospongan hasta que el Parlamento iraquí apruebe una ley muy pospuesta y polémica que debe regular la distribución del petróleo y el reparto de beneficios. Los senadores temen que la firma de estos contratos pueda desatar tensiones que cuesten más vidas entre los soldados estadounidenses.
La Administración Bush se desentiende de ello con el argumento de que la decisión sólo compete a Irak. Los asesores del Departamento de Estado consultados anónimamente por el rotativo neoyorquino han ayudado a redactar los contratos con la excusa de que Bagdad «no ha negociado un contrato internacional con una petrolera desde los años 70», dijo la fuente al periódico.
Irak, que posee la tercera mayor reserva petrolera del mundo, recuperó en diciembre pasado los niveles de producción que tenía antes de la invasión estadounidense hace cinco años. Con las nuevas adjudicaciones que afectan a seis pozos petroleros espera aumentar su producción de los actuales 2,5 millones de barril diarios a 4,5 en 2013, lo que tampoco ayudaría a reducir el precio del crudo. Los analistas coinciden en achacar las subidas a la especulación, y muchos sitúan el coste real entre 60 y 70 dólares por barril -38 y 44 euros-, menos de la mitad de su precio en el mercado.
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