La final no dejó una historia y mil imágenes. Una avalancha de momento felices, barnizados de risas, de llanto, de emoción, de sudor. EL CORREO vivió con los campeones los instantes posteriores a la consecución del título, desde el césped hasta que se subieron a un avión para trasladarse a Neustift, donde celebraron la primera fiesta. Fue ahí donde se produjo el momento más emotivo de la noche, por encima de cualquier hecho materialista o triunfalista. A Luis le tocaron la fibra los jugadores, como en Las Palmas, después de lograr la clasificación para este Europeo.
Fue en el avión, camino de Innsbruck. En las alturas, sin medios de comunicación ni cámaras. Los 23 chavales le pidieron a Ángel María Villar la continuidad de Luis Aragonés en el cargo de seleccionador. El grito fue «Luis no se va; Luis, renovación. Si no renueva el míster no volvemos». Fue un momento intenso y denso. En una zona de la nave el técnico intentó tragar sin perder la compostura. Apareció el nudo en la garganta.
Algo peor lo pasó Fernando Hierro. El director deportivo no mantiene una buena relación con el actual cuerpo técnico y el alegato de los futbolistas tenía el mismo efecto que un clavo en la planta del zapato. La madrugada fue distinta para Hierro. Se borró de la fiesta. Lógico. No se encontraba en el escenario más plácido y posiblemente tendría que aguantar alguna mirada poco recomendable.
Las mejores imágenes
Horas antes, en el antiguo Prater quedaron las mejores fotos para todos los aficionados. Como la imagen de la camiseta de Arconada. Palop cumplió con su promesa. Subió al palco con la tela que vistió el portero de la Real Sociedad en la final del 84. Platini bromeó con el internacional y reconoció la reliquia.
Ramos cumplió otro de sus sueños. Homenajeó a su amigo Antonio Puerta luciendo una camiseta con su rostro. El lateral del Madrid, una aficionado a los toros, se llevó un capote pero no deleitó al público con un par de verónicas.
También quedó para el recuerdo la ducha de Villa a la prensa. David Villa se saltó todos los cordones de la zona mixta para duchar a los periodistas españoles con sidra. Estaba fuera de sí en los primeros minutos. Invitó a todo el mundo a refrescarse con el caldo de su tierra.
Antes había sucedido el robo de balones. A falta de 30 segundos los internacionales españoles asaltaron a los recogepelotas del estadio para robarles el balón de la final. 'Adidas' había personalizado dieciocho pelotas para el gran día. Reina y De la Red fueron los primeros en cazar su presa. Villa recibió uno en el viaje de vuelta.
Palop fue bético por un día. Juanito, uno de los hombres más silenciosos del equipo, rescató de la grada una pequeña bandera del centenario del Betis y no paró hasta que se la anudó al portero del Sevilla.
Por último, queda el rescate de Puyol. Aragonés se quitó de en medio cuando el colegiado pitó el final. Se largó a la caseta. Hasta allí se marchó el defensa del Barça para sacar al seleccionador casi a rastras.