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Economía

ANÁLISIS
Abróchense los cinturones
29.05.08 -

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Desde la campaña electoral, la versión oficial nos ha venido hablando de desaceleración «suave» de la economía, pero ayer el Banco de España cambió el adjetivo y pasó a calificarla de «grave». Es decir, todavía no estamos en crisis y mucho menos en recesión, simplemente frenamos con mayor intensidad. Ésta es la versión oficial, pero luego lee uno las noticias que van saliendo y todo apunta a que el diagnóstico es excesivamente benevolente. Ayer supimos que las venta de viviendas ha caído un 38% en marzo y si nos referimos a las usadas nos vamos hasta un 46%, mientras que las hipotecas han bajado un 40%. Desde luego, eso no es una desaceleración ni suave ni grave: es un parón en toda regla.
Pasando por encima de la semántica, creo que en estos momentos el mejor índice para medir la situación real de la coyuntura es seguir la evolución de los ingresos públicos, cuyos datos conocimos el martes. La raceudación baja un 9% y los gastos aumentan un 12%. Ahí es nada. Una situación de deterioro que no se daba desde hace más de 15 años. El IVA está anémico, el Impuesto sobre Sociedades desfallece -con ciertas peculiaridades estacionales- y tan sólo aguanta el tipo el IRPF. De momento.
El desastre inmobiliario español es el acontecimiento más y mejor anunciado de la historia de la economía mundial y, sin embargo, hay que reconocer que pocos se habían preparado a nivel individual y nada se había previsto a nivel global para paliar sus devastadores efectos. Se pierden empleos y se cancelan compras de materiales, con lo que la onda expansiva se distribuye por todo el tejido empresarial. Incluso los Ayuntamientos lo notan violentamente en sus ingresos. No es casualidad que, justo ahora, cuando se acaba la fiesta inmobiliaria, las corporaciones locales pongan el grito en el cielo acerca de la financiación municipal y exijan su trozo de la tarta impositiva global. Es cierto que muchas otras veces han reclamado lo mismo, pero nunca con esta intensidad; y menos, con este dramatismo. Abróchense los cinturones.
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