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Sociedad

JAVIER SALAS PUIG, NEURÓLOGO DEL HOSPITAL CENTRAL DE ASTURIAS
«La mayoría de epilépticos lleva una vida normal, incluso conduce»
Los neurólogos españoles premian la trayectoria del médico catalán en su lucha contra la enfermedad
24.05.08 -

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«La mayoría de epilépticos lleva una vida normal, incluso conduce»
EXPERTO. El doctor Salas Puig, en su consulta. / ALEX PIÑA
La Sociedad Española de Neurología ha reconocido con el Premio Epilepsia 2007 la trayectoria profesional del especialista catalán afincado en Oviedo Javier Salas Puig. El experto, responsable de la Unidad de Epilepsia del Hospital Central de Asturias y profesor asociado de la Facultad de Medicina de la ciudad, repasa en el día nacional de lucha contra la enfermedad los aspectos científicos y sociales más relevantes de la patología. «Afecta casi a una de cada cien personas, pero el estigma que acarrea es aún demasiado grande», se lamenta.
-¿Por qué se dedicó al estudio y la atención del paciente epiléptico?
-Cuando terminé la especialidad en el Hospital Central, me fui a Marsella. Quise completar mi formación con el profesor Henri Gastaut, considerado el mejor del mundo en epilepsia. Dos años después regresé a Asturias y, así, hasta hoy.
-¿De qué estamos hablando?
-De una enfermedad de la corteza del cerebro. De personas que tienen una descarga excesiva de neuronas, que se manifiesta como ataques epilépticos. Las causas que la causan son muchas, pero fundamentalmente dos: una lesión cerebral y la predisposición genética.
-¿Hasta qué punto pueden los pacientes hacer una vida normal?
-Tres de cada cuatro la hacen, porque están perfectamente controlados con la medicación. Les aconsejamos que sigan bien el tratamiento y no abusen de falta de sueño ni del alcohol.
-¿El 25% no responde a la terapia?
-Es demasiado. Hace unos años se hizo una campaña a favor de la investigación médica en busca de nuevos fármacos. Así surgieron en los años 90 los nuevos antiepilépticos, tan útiles como los anteriores y con menos efectos secundarios. Aún así, hay que seguir investigando. Sigue habiendo pacientes que no la tienen bien controlada.
-¿Diría que la terapia es eficaz?
-Entre los que no responden bien hay pacientes que pueden beneficiarse de la cirugía. Unidades especializadas extirpan la zona que desencadena las crisis. Los medicamentos son eficaces, pero necesitamos que lo sean aún más porque hay enfermos que, a pesar de los avances, no llegan a curarse.
-¿En qué casos se cura?
-Ocurre sobre todo en los niños, que tienen epilepsias más benignas. Dejan de tomar la medicación de forma controlada y desaparecen los ataques. Cuando continúan en la adolescencia, la posibilidad de curación es menor.
-¿Hasta qué punto incapacita?
-La mayoría de los pacientes están bien controlados con un solo fármaco. Pueden llevar una vida absolutamente normal, incluso conducir. Los que tienen ataques a pesar de la medicación no pueden trabajar en sitios donde perder la conciencia o el equilibrio suponga un riesgo, como un andamio.
El peso de la religión
-La mayoría asocia epilepsia a convulsiones y espuma por la boca.
-Están equivocados. Hay más de cien tipos de epilepsias. Algunas se manifiestan así. Son las que han trascendido a la población, pero la gran mayoría de los pacientes no tiene ni convulsiones, ni espuma por la boca ni se cae al suelo.
-¿Está bien atendida?
-Ha mejorado, pero dista mucho de ser la ideal. En muchos hospitales faltan unidades de diagnóstico y atención. Las mejores están en la red privada, aunque tan cierto como esto es que uno de los únicos centros donde se atiende verdaderamente bien al paciente es en el hospital público de Cruces.
-Cada vez se ven menos ataques epilépticos en la calle.
-Y eso que ocho de cada mil personas tienen epilepsia. Lo que pasa es que se oculta.
-¿Por qué genera tanto rechazo?
-Hay razones históricas que lo explican. Al principio, al paciente epiléptico se le consideró poseído por el diablo. Hipócrates nos dijo que era un trastorno del cerebro, pero en la Edad Media volvió a ser considerada cosa de endemoniados.
-¡Un desastre, vaya!
-Sí. Llevaban a los pacientes a curanderos y sacerdotes para que les extirpara el demonio. El conocimiento científico puso las cosas en su sitio, pero hasta el siglo XVIII la Inquisición llegó a quemarles en la hoguera. Todo eso ha propiciado el estigma social de la enfermedad, que está costando mucho quitar. Sólo se superará con información.
-¿Por qué cada vez hay más casos en la tercera edad que en niños?
-La epilepsia puede aparecer en cualquier momento. Hay dos edades en las que se da con más frecuencia, el primer año y a partir de los 70. La esperanza de vida ha aumentado el riesgo de epilepsia en los mayores debido a un problema de riego sanguíneo. La mayoría la tienen bien controlada con un solo fármaco. Las más graves se ven en la infancia y en el adulto joven.
-¿Se puede ser y no saberlo?
-Es posible. Hay epilepsias que no son tan aparatosas. Se manifiestan con una opresión en el estómago, la sensación de olores extraños, de confusión, desorientación, de haber vivido ya las cosas. Y, ¡claro!, esto no se asocia con epilepsia.
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