
IÑIGO URKULLU
Las convulsiones internas han acabado por resolverse a favor del lehendakari, que ha logrado hacerse de nuevo con el timón de la nave y recobrar el liderazgo, ante la constatación de la ejecutiva peneuvista de que cualquier otro camino resultaba más gravoso. Ayer, sin embargo, tras una semana de intenso protagonismo mediático de Ibarretxe -sentado en el escenario en el centro, junto a la ejecutiva al completo-, le tocó el turno a Urkullu, en una medida administración de los tiempos. Todo para subrayar la unidad del partido en torno al presidente vasco una vez que éste ha ido desvelando sus cartas en los últimos días, incluida la resurrección política de los papeles de Loyola como oferta de pacto a José Luis Rodríguez Zapatero. Aunque el jefe del Ejecutivo vasco sí tomó la palabra a puerta cerrada ante los asambleístas, sólo la intervención del líder del EBB para poner punto final al cónclave -que apenas duró una hora y media- se hizo 'en abierto'.
Ni una sola mención hizo Urkullu al contenido concreto de la propuesta de acuerdo en su breve discurso. Pero sí dejó claro que el PNV está dispuesto a llevar hasta las últimas consecuencias su apuesta por la 'hoja de ruta' con una frase calcada de la intervención televisiva del lehendakari, el pasado jueves. «Si no hay acuerdo, cada uno defenderemos nuestros planteamientos e iniciativas hasta el final», advirtió el líder peneuvista, que subrayó, eso sí, que esa defensa cerrada del plan la hará el PNV «desde el respeto a las reglas del juego y con absoluta normalidad democrática».
También obvió por completo el asunto de la convocatoria de elecciones y, según las fuentes consultadas, tampoco en privado se desveló nada sobre las intenciones de Ibarretxe de agotar o no la legislatura, aunque su compromiso pasa por convocar los comicios en otoño si el Parlamento vasco no bendice su proyecto el 27 de junio. De hecho, Urkullu quiso desvincular su apuesta política de la próxima cita con las urnas -«que quede claro que no estamos haciendo esto en clave preelectoral»- porque, subrayó, la oferta que han puesto sobre la mesa de Zapatero tiene vocación de futuro y «de largo aliento y alcance». Pretende «dar cobijo a la Euskadi de la próxima generación». Un ofrecimiento «firme y sincero» que nace «de la responsabilidad», recalcó, por más que los peneuvistas, según reconocen en privado, son plenamente conscientes de que el presidente del Gobierno no sólo va a rechazar sin contemplaciones los planes de Ibarretxe sino que está siguiendo una estrategia para dejar que sea el PNV el que acuse el desgaste de cara a los comicios autonómicos, para los que el candidato del PSE, Patxi López, parte como un serio rival.
De hecho, fue precisamente el líder de los socialistas vascos y próximo contendiente del aspirante peneuvista -a día de hoy, todo apunta al propio Ibarretxe- el blanco de los dardos verbales de Urkullu, lo mismo que el lehendakari se refirió el jueves en su entrevista en EiTB en varias ocasiones al «señor López». Aunque han sido múltiples las voces socialistas -la vicepresidenta y varios ministros, entre ellas- las que han anticipado el 'no' del presidente del Gobierno al lehendakari el próximo 20 de mayo, Urkullu se centró exclusivamente en López y, aunque dijo no estar sorprendido por ello, censuró que «alimente la interpretación de que el PNV y el lehendakari caminan fuera de la legalidad». Según su opinión, el candidato se dedica a torpedear el hipotético acuerdo porque «sabe» que en un escenario de entendimiento perdería «protagonismo».
Café para todos
Incluso, acusó a los socialistas vascos de «estar detrás» de un planteamiento de modelo de Estado basado en el «café para todos», que, advirtió, el PNV no está dispuesto a aceptar. Convencido de encontrarse «en el umbral de un nuevo tiempo político», Urkullu dejó claro que su partido aspira a que Euskadi tenga un estatus especial y diferenciado dentro de España. Y lo explicitó con una metáfora que ya ha empleado en otras ocasiones. Aunque exigió a Zapatero que «empiece por cumplir» íntegramente el Estatuto y le recordó las 37 competencias no transferidas, lo cierto es que, según dijo, ese 'atuendo' se ha quedado «pequeño, pasado de moda y deshilachado para la Euskadi de hoy». Subrayó que aspiran a que vista un traje «singular» y no uno «pret-a-porter» sacado «del almacén de la España de las autonomías».
Esa singularidad pasaría, según reiteró Urkullu, por dar forma a un «autogobierno del siglo XXI» basado en la bilateralidad -una relación de igual a igual que impida al Estado incumplir el pacto- y en «el reconocimiento de la capacidad de preguntar a la sociedad vasca». Y, al haber descartado las razones electorales, justificó la apuesta por la 'hoja de ruta' con otro tipo de argumentos, como la necesidad de afrontar con «nuevos instrumentos» la recesión económica y la creciente globalización. Vinculó el reconocimiento del derecho a decidir con el logro de la «convivencia pacífica» y de la «construcción social como base para la construcción nacional».







