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Agur bero bat
11.05.08 -
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Tenemos que hablar sobre la Fundación Sancho el Sabio', me dijo Henrike Knörr. 'Cuando tú quieras', le conteste desde lo alto de una escalera. Éstas fueron las palabras que iniciaron una amistad de más de veinte años.

Acababa de empezar mi contrato en la Fundación y aún estaba familiarizándome con los fondos y con un método de trabajo que había que adaptar a los nuevos tiempos. Era el comienzo de la informatización y de las normas y estándares internacionales en nuestro mundo archivístico y bibliotecario. Eso significaba cambiar toda el proceso técnico que llevaba funcionando 21 años y ya en ese momento encontré en él apoyo e interés en la implantación de las nuevas técnicas y cambios que se introdujeron en la Fundación. Desde entonces hemos compartido muchas charlas sobre libros, documentos, imprentas, bibliografía Este año ha sido particularmente intenso: tenía tantas ganas de trabajar que hemos preparado catálogos, ponencias, etc. Era como si supiera que se le acababa el tiempo.

Su interés por Sancho el Sabio se remontaba a bastantes años antes. Con el anterior director, Jesús Olaizola, ya le unía una gran amistad e implicación en el devenir del centro. En 1981 Sancho el Sabio tuvo problemas de financiación y se paralizó casi por completo la adquisición de obras. La crisis era tan importante que amenazaba con el colapso total. Fue en este momento cuando Henrike lideró una Comisión pro Institución Sancho el Sabio que trabajó codo con codo con un buen número de intelectuales de la época y con los responsables de la institución para encontrar soluciones a esa crisis que, como puede verse hoy, se terminó superando.

Además, Henrike ha sido investigador habitual en nuestro centro de documentación. Conocía perfectamente los fondos y su importancia, sobre todo aquellos que se referían a su especialidad, y enviaba a sus alumnos a que investigaran aquí en trabajos de curso o en visitas guiadas a la sede, para que conocieran lo que la Fundación les podía ofrecer. En muchas ocasiones se encargaba de completar los fondos, procurando depositar sus propias investigaciones publicadas o inéditas, enviándonos la información de alguna edición difícil de localizar o trayéndola de bibliotecas extranjeras en sus viajes. Era un gran propagandista de nuestro trabajo. Por ejemplo, gracias a sus gestiones está depositado el archivo personal de José Miguel Azaola.

Colaboraba asimismo en nuestras publicaciones con trabajos propios y pertenecía al consejo asesor de 'Sancho el Sabio: revista de cultura e investigación vasca'. En alguna ocasión hemos recurrido a su experto criterio para adquirir manuscritos y ediciones en euskera, y generosamente nos brindaba su ayuda. Eran habituales sus visitas con personajes del mundo de la cultura de todos los países: suecos, polacos, americanos, armenios Se sentía orgulloso de mostrar a estos expertos del extranjero nuestra institución, sus fondos, su tecnología. Su visita, quince días antes de morir, con Nahit Serbes, experto en lenguas minoritarias, nos ha dejado quizá la última fotografía de Henrike.

Como en tantas otras iniciativas culturales, Henrike ha sido una persona presente en el paisaje de la Fundación Sancho el Sabio y además un amigo que se nos ha ido. Nos vamos a sentir un poco huérfanos sin su presencia. Tenía tanto por hacer, por investigar, por vivir... Descanse en paz donde se encuentre.

Agur bero bat Henrike.
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