
Ibarretxe ha puesto ya sus cartas sobre la mesa y, aunque en su partido no se atreven a asegurar que será el candidato, en el tripartito no se contempla otra opción. Ha lanzado la moneda al aire arropado por un PNV sin más alternativas de cara a la próxima cita con las urnas, e intentará que caiga de su lado y del de los partidos que actualmente sustentan su Gobierno con una intensa campaña de socialización de su 'hoja de ruta' en las próximas semanas de la mano de su consejo político -Joseba Azkarraga y Javier Madrazo-. Sin ir más lejos, tendrá pasado mañana su primer mojón en el acto ciudadano que ha convocado en el Palacio Euskalduna en el marco de la iniciativa Konpondu y que no contará con la participación de socialistas, populares ni de la izquierda abertzale.
Según las fuentes consultadas, en el tripartito existe la convicción de que la apuesta es arriesgada pero puede ganarse. Con una izquierda radical con toda probabilidad apartada del juego democrático, la convocatoria de elecciones -octubre sigue con fuerza como fecha más plausible- quedaría como un 'téte a téte' entre el tripartito y Aralar, por un lado, y PSE y PP, por otro. Según los cálculos que manejan ahora los nacionalistas y sus socios, el 'quid' de la cuestión pasa por ver cuál de los dos bloques logra hacerse con los 38 escaños que otorgan la mayoría absoluta, partiendo de la premisa de que el partido de María San Gil estuviese dispuesto a apoyar la investidura de Patxi López. Los resultados de esa jugada, piensan, darán la medida del alcance real del cierre de filas del PNV en torno a la 'hoja de ruta', que hoy escenificará Iñigo Urkullu en una comparecencia tras la asamblea en la que, junto al lehendakari, informará de sus planes a los cargos públicos e internos del partido que, en algunos casos, no ocultan su preocupación por el riesgo que van a correr.
Cinco folios
Los cinco folios que Ibarretxe ha enviado al Palacio de La Moncloa están redactados en formato de texto pactado con el propio Rodríguez Zapatero, aunque susceptibles de ser modificados, como queda claro ya desde el ampuloso título: 'Propuesta abierta de pacto político para la convivencia referendado entre el presidente del Gobierno español y el lehendakari del Gobierno vasco'. El contenido es un calco literal del borrador de los frustrados acuerdos que bosquejaron en el santuario de Loyola el PNV, el PSE y Batasuna y reivindica, por lo tanto, la «identidad nacional» de «Euskal Herria» y sus siete territorios, la creación de instituciones comunes con Navarra y la celebración de un referéndum definitivo para ratificar un acuerdo político multipartito -ese sí, «en ausencia de violencia y coacción», a diferencia de la consulta de octubre- y su posterior incorporación al marco jurídico.
Eso sí, con algunos añadidos fruto de las nuevas circunstancias. El primero es una invitación a retomar el diálogo con ETA si la banda demuestra su voluntad inequívoca de deponer las armas y un respaldo expreso a los procesos de diálogo con los terroristas en esas condiciones y sin tutelajes políticos, aunque sin hacer mención, como en el pacto de Ajuria Enea, a «los poderes competentes del Estado» como interlocutores de ETA. También incorpora su reiterada pretensión de que la convocatoria de consulta para el 25-O se haga conjuntamente con Zapatero, a la que éste ya anticipó ayer un 'no' «claro y rotundo» por boca de la 'número dos' de su Gabinete.
En el entorno del presidente están convencidos, precisamente, de que los nacionalistas han optado por escenificar un pulso con el PSOE, al menos hasta la cita electoral. Así lo avanzó ya a finales de la semana pasada el líder de los jeltzales vizcaínos, Andoni Ortuzar, que advirtió de que su partido no sólo está en condiciones de sostenerlo sino también de proclamarse vencedor. En esa línea se han movido también otras voces nacionalistas, entre ellas el mismo Urkullu, que han venido dibujando un escenario de «choque de locomotoras».
Y, en consecuencia, La Moncloa ha optado por responder en la misma medida. De la Vega dejó claro que si las intenciones del lehendakari pasan por «volver a sacar su plan del cajón» no puede esperar otra cosa que una negativa de Zapatero y volvió a animarle a que se circunscriba a la Constitución y logre además poner de acuerdo primero a los partidos vascos.
Pero Ibarretxe está dispuesto a jugar la baza de Loyola, para así presionar y tratar de poner en evidencia a los otros dos protagonistas de esas conversaciones, el PSE y Batasuna, en previsión de que la izquierda abertzale decida no respaldar la iniciativa que lleve a la Cámara vasca el próximo 27 de junio. Ayer, uno de los líderes del tripartito -el presidente de EA, Unai Ziarreta- consideró que la «lógica» obliga a PSE y EHAK a votar a favor de la propuesta de Ibarretxe y adelantó que, «evidentemente», no tendrían ningún problema en aceptar los votos de la izquierda radical.







