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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Cultura

DESFALCO EN EL GUGGENHEIM
Vidarte alega en su defensa que Cearsolo también «engañó al Tribunal de Cuentas»
El director y la diputada de Cultura discrepan del órgano fiscalizador Ariztondo le respalda por su «reacción» ante el desfalco

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El director general del Guggenheim se defendió ayer de las críticas por no haber atajado antes el desfalco cometido por Roberto Cearsolo con un señalamiento directo al Tribunal Vasco de Cuentas Públicas (TVCP). En su segunda cita parlamentaria tras el escándalo, Juan Ignacio Vidarte no eludió su responsabilidad en la labor de control a sus subordinados, pero acusó al organismo fiscalizador de no haber detectado tampoco los desvíos económicos confesados de 1998 a 2005 por quien era su responsable financiero. «El Tribunal de Cuentas ha sido engañado como nosotros. Tenía acceso a la misma información», alegó Vidarte durante su comparecencia en las Juntas Generales de Vizcaya, arropado esta vez por la diputada de Cultura de este territorio, Josune Ariztondo.

Aunque el motivo oficial de la sesión era la última auditoría al museo y, por extensión, un examen público a su cuestionada gestión, el protagonista de la cita volvió a ser Cearsolo y el eventual impacto del desfalco. El director del Guggenheim, más vehemente que en sus primeras explicaciones en el Parlamento, hizo ayer partícipe al TVCP de la tarea de verificar las finanzas y, en este caso, de poder evitar las irregularidades a la postre cometidas por su ex directivo.

Con el apoyo unánime ofrecido en la víspera por el Patronato de la Fundación, Vidarte trató así de extender las posibles responsabilidades ante lo que los partidos consideran un fallo «clamoroso» de control del museo. Salvo el PNV, todas las formaciones hablaron ayer de «oscura» gestión o, cuando menos, «zonas de sombra».

No es la primera vez que Vidarte discrepa abiertamente con el Tribunal. En 2001, a raíz de la fiscalización sobre la construcción del museo, le acusó de «manipulación descarada de datos». En ese mismo informe, sobre el período 1992-1998, el órgano fiscalizador recomendaba al Guggenheim cambiar la naturaleza jurídica de sus dos firmas instrumentales para mejorar la 'vigilancia'. En concreto, planteaba pasar de sociedades limitadas a anónimas, y modificar la participación del Gobierno vasco y la Diputación, las dos instituciones públicas que lo financian -que una tuviera el 51% y otra el 49% para obligarse a auditorías anuales, como acaba de reclamar el PP-.

Desencuentro

En ese momento, Cearsolo ya había iniciado el expolio en la Tenedora, encargada de la compra de obras de arte, y la Inmobiliaria, titular del solar y el edificio del museo. Según Vidarte, los desvíos pasaron desapercibidos para todos porque su entonces director de Finanzas se ocupó de «maquillar» el fraude, de «manipular» los datos contables.

Sus declaraciones vuelven a reflejar un significativo desencuentro con el Tribunal de Cuentas en un momento delicado. Hoy por hoy, el único hecho demostrado es que el ya ex director de Administración y Finanzas 'metió la mano en la caja', según su propia confesión. En gráfica descripción del apoderado Arturo Aldecoa (PP); «delante de las narices» de la dirección del museo. Y sólo se descubre cuando su autor se da de baja, algo que ocurre un día antes de que el órgano auditor pidiera información sobre el cambio de divisas.

Las nuevas discrepancias quedaron patentes con la intervención del presidente del TVCP, Jesús Álvarez, su auditor jefe, Miguel Ángel Astiz, y el ponente de la primera fiscalización al museo, José Ángel Quintanilla. Los tres, que comparecieron por la mañana en las Juntas y por la tarde en el Parlamento, negaron que el cometido del tribunal en sus dos únicos informes hasta la fecha fuera 'bucear' en las finanzas, una práctica que le podría haber acercado a la trama de Cearsolo. «Dimos respuesta a mandatos parlamentarios concretos», recordó Álvarez. El primero, la construcción del museo. El segundo, la compra de obras de arte. En este mismo documento, presentado en 2007 aunque elaborado sobre los ejercicios de 1999 a 2005, los fiscalizadores aconsejaron al museo que realizara auditorías externas todos los años, tras dejarlo de hacer en 1998. Los miembros del tribunal aseguraron que el Guggenheim podría haber detectado antes las irregularidades si hubiera asumido los controles propuestos.

Apoyos y censuras

La diputada de Cultura rechazó cualquier acusación de falta de transparencia, y negó la mayor, en línea con Vidarte, quien apuntó que, «sin minimizar» el medio millón desviado, es una cantidad que puede «pasar desapercibida». «Ni los auditores externos, ni el Tribunal de Cuentas, ni las instituciones tienen especialistas en detectar chorizos», advirtió Josune Ariztondo. Ambos dijeron respetar las apreciaciones del TVCP, pero se reservaron el derecho a «no obedecer» siempre, como ha sido el caso.

Ariztondo mostró su respaldo a Vidarte «por su capacidad de reacción» ante el desfalco y «la forma de interiorizar la lección» mediante el aumento de controles. Los partidos censuraron con mayor o menor intensidad al director general, que aguantó de nuevo con aplomo. Sólo se removió con una alusión de Jonathan Martínez, de EB: «No seremos nosotros quienes le exijamos la dimisión, pero sí una reflexión para que dignifique el nombre del museo». Serio, Vidarte respondió: «Asumo mi responsabilidad, en lo bueno y en lo malo. Pero un chorizo no hace indigno a un museo, y menos a éste, donde llevo 17 años trabajando».
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