
No es para menos. Dejando al margen las tensiones inflacionistas que viven actualmente los mercados, fruto, principalmente, de la evolución al alza de los precios energéticos y de los productos alimentarios, la economía de los 15 países que integran la Eurozona muestra unas condiciones envidiables para los demás grandes actores de la esfera internacional.
El déficit público medio de esos países, cuyo Producto Interior Bruto representa ni más ni menos que el 21,9% del mundial, apenas alcanza al 0,6% de su PIB conjunto (era el 5% en los años 90). Además, los dos únicos socios -Italia y Portugal- que se encuentran sometidos al procedimiento de déficit excesivos (por haber superado el 3%), de acuerdo con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, verán hoy finalizada esa condición. Ello gracias a los esfuerzos que han realizado para moderar su gasto público y adaptarlo a sus verdaderas posibilidades.
Mientras, el paro se encuentra en niveles históricamente bajos: el 7,1% (era del 11% en los países de la Eurozona una década antes) y países tradicionalmente reacios a las reformas estructurales, como Francia, están dando pasos -con más reticencias de lo conveniente, bien es verdad-, para remover estrangulamientos de la economía resultantes de viejos modelos de privilegios.
Las cifras que hoy hará públicas la Comisión ponen en evidencia que la Europa del euro constituye un entorno económico razonablemente homogéneo y sano. La inflación esta última década se ha situado en torno al 2% de media, cuando fue del 3% la precedente y andaba entre el 8% y el 10% en los años 80.
La inflación
En España, durante la década de los 70 los precios subieron el 14,82% de media y crecieron un 9,86% y un 4,29%, respectivamente, en las dos sucesivas. Por lo tanto, y con razón, Bruselas dirá hoy que las actuales inquietudes por la evolución de los precios son, quizás, algo exageradas si se ponen en perspectiva con otros tiempos no tan lejanos.
Los tipos de interés a largo plazo, una de las grandes bazas de la moneda única, cayeron a la mitad después de 1999 con respecto a los niveles de esa década. Un claro ejemplo de esa positiva evolución es Italia. El país alpino, que destinaba más del 11% de su PIB a pagar los intereses de su deuda, ha visto caer ese porcentaje al 5%, a pesar de que su deuda pública continúa por encima del 100%. Los ahorros acumulados por el Tesoro italiano en intereses ascienden a 800.000 millones de euros, más que la totalidad del gasto gubernamental en 2007.
Por otra parte, las inversiones directas de los miembros de la Eurozona en el área han pasado del 20% al 35% del total de la Inversión Extranjera Directa, lo que demuestra, a juicio de la Comisión, que «la Eurozona no sólo es un buen lugar para hacer negocios, sino un sitio en el que las empresas tienen que estar, para garantizarse el acceso al mercado mejor y más rico del mundo».
Reservas
Existen otros indicadores de los beneficios efectos de la moneda única. El comercio intra-Eurozona, por ejemplo. La Comisión va a revelar que en el tiempo de vida del euro ha crecido de un 5% a un 10%, hasta representar casi el 60% del total del comercio de los 15 países que lo componen.
La facturación en euros, en fin, representa más de la mitad del comercio exterior de la UE y el 26% de las reservas globales de divisas eran en euros en 2006, cuando en 1998 el conjunto de reservas en las antiguas monedas nacionales, hoy subsumidas en la divisa única, no representaba más que el 18%.
Con todo, tan buena salud también tiene su parte negativa. La fortaleza de la moneda única frente al dólar -un euro vale más de 1,55 'billetes verdes'- penaliza las exportaciones europeas, lo que supone una seria amenaza para la economía comunitaria al hacer menos atractivos sus productos. Afortunadamente, también abarata la factura energética: se paga en dólares.







