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La estrategia del rodillo
El Real Madrid no ha necesitado de buen fútbol, sino de consistencia y pegada, para sumar su título de Liga número 31 con absoluta autoridad
05.05.08 -

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La estrategia del rodillo
EXULTANTES. Los jugadores del Real Madrid, con Robinho a la cabeza, celebran el nuevo título de Liga conseguido por el club 'blanco'. / AFP
Se podrá discutir la calidad del juego desplegado en esta Liga que, ciertamente, no pasará a la historia ni por su emoción ni por la altura de su fútbol. Lo que no podrá discutirse nunca es la autoridad absoluta del Real Madrid a lo largo de todo el campeonato. El equipo de Bernd Schuster ha sido un rodillo que ha dominado de principio a fin, sin dejar apenas resquicios de esperanza para sus dos únicos rivales, el Villarreal y el Barcelona. Es más, puede decirse que, sumido en una decadencia imperial, el equipo de Frank Rijkaard sólo ha sido un problema serio para el Real Madrid durante una semana, entre finales de febrero y principios de marzo. Fue en la jornada 25, cuando el conjunto blaugrana, tras golear en el Camp Nou al Levante (5-2), se colocó a dos puntos del líder, que se dejó sorprender en casa por el Getafe (0-1).

La reacción de los medios fue entonces unánime y alborozada: había Liga. Aquello no iba a ser un paseo militar del escuadrón de Schuster. Quedaban trece partidos y los blancos parecían desinflarse. Fue una falsa impresión. Al domingo siguiente, el Barça cayó con estrépito en el Vicente Calderón y el Real Madrid arañó una victoria crucial en Huelva. La distancia entre el primero y el segundo se estiró hasta los cinco puntos. Una semana después, la Liga terminó. Sólo se llevaban 27 jornadas, pero el Barcelona enterró sus opciones perdiendo (1-2) en el Camp Nou ante el Villarreal. El conjunto merengue, por el contrario, supo hacer los deberes. No falló. Ganó al Espanyol en Chamartín (2-1) y, con ocho puntos de ventaja en el zurrón, convirtió casi en un trámite el resto del campeonato. Así se explica que haya conquistado el título a falta de tres partidos, un margen muy amplio, extraño en un fútbol que se presume competido.

El trigésimoprimer título de Liga del Real Madrid ha sido, ante todo, un soberbio ejercicio de regularidad. Bernd Schuster llegó al banquillo blanco con el propósito de devolver al Bernabéu el fútbol de toque que había quedado sepultado entre los engranajes y las tuercas de la maquinaria de Fabio Capello. Con el técnico italiano, al público madridista se le planteó un serio dilema. Capello les quitaba el hambre, pero a cambio de unas digestiones pesadísimas. El equipo acabó arrebatándole la Liga al Barça gracias a una conjura general que recordó a la de Leónidas y sus troyanos en Las Termópilas, pero todos eran conscientes de que ese estado de ánimo furioso era imposible mantenerlo durante una Liga entera. El Madrid, en fin, necesitaba más fútbol y menos tremendismo si quería recuperar su crédito.

La oferta de Schuster

Ramón Calderón fichó a Bernd Schuster con ese propósito y el alemán no sólo aceptó el reto sino que prometió tardes de gran fútbol en el Bernabéu. Sin embargo, la realidad -por mucho que el alemán se rebote y entre en su conocido estado sulfúrico cuando se lo recuerdan- es que éste se ha visto con cuentagotas. Es cierto que la calidad del juego del Madrid ha mejorado respecto a la pasada campaña. Los bostezos se han reducido. Ahora bien, la mejoría ha sido débil, menor de la esperada. Los más sibaritas, de hecho, no han ahorrado críticas a lo largo de la temporada. ¿Para esto echamos a Capello?, se preguntaban. Y es que, realmente, la mejoría madridista ha estado en su solvencia, en la firmeza de su cobertura y en su puño de hierro. En esto, el cambio ha sido importante. Con Capello, el Madrid ganaba con una épica al estilo Tarzán que arrugaba a sus enemigos. Con Schuster, de un solo porrazo. Sin alaridos.

Desde el principio, su fortaleza defensiva y su pegada fueron determinantes. Nadie pudo seguir al Real Madrid, que no dejó de acelerar y acelerar hasta completar una primera vuelta demoledora: 41 puntos sumados en 15 victorias, 2 empates y 2 derrotas. Sus números como local fueron sencillamente insuperables: 9 victorias en 9 partidos. Así las cosas, cuando la Liga llegó a su ecuador, el conjunto blanco ya distanciaba en 7 puntos a un Barcelona que pronto demostró que no estaba para muchos trotes. Ni para muchos ni para pocos, habrá que decir.

De hecho, la flojera del conjunto blaugrana en la Liga ha sido de tal calibre que ha acabado restando esplendor al título blanco. Tanto es así que la verdadera ilusión de la hinchada merengue -quizás el mejor recuerdo que les quedará de este título, casi soso por lo facilón- es el pasillo que se supone les hará el Barcelona, un alma en pena tras caer en la 'Champions'. Y es que el valor de las conquistas se mide siempre en función de lo que cuesta alcanzarlas. Y el Madrid se ha llevado la Liga de calle. Todas sus dudas y cuitas en la Liga de Campeones, donde no fue capaz de alcanzar ni siquiera los cuartos de final, han sido firmeza y contundencia en el torneo doméstico.

La Trinidad Blanca

El triunfo blanco ha tenido tres protagonistas indiscutibles. Curiosamente, ninguno de ellos es un fichaje de relumbrón, sino gente de la casa. Hablamos de Raúl, Casillas y Guti, esa Santísima Trinidad madridista a la que Ramón Calderón ha decidido proteger con contratos multimillonarios de por vida. En el caso del capitán blanco, esta Liga le ha servido para volver a disfrutar del fútbol. Más allá del soporífero debate sobre su presencia en la selección, lo cierto es que Raúl ha completado una campaña sobresaliente. Muy mejorado físicamente -un aspecto al que, además de la cámara hipobárica, le habrá ayudado también el hecho de no jugar con España-, el capitán blanco ha sido una pieza clave del equipo con sus goles (17) y su actitud. Si hubiera que elegir una imagen que resuma la Liga ésta sería la de Raúl señalándose el dorsal con los pulgares, como si se clavara en la espalda dos banderillas, cada vez que marca un gol.

De Iker Casillas se puede decir que ha ido de más a menos, algo lógico teniendo en cuenta que el portero de Móstoles hizo una primera vuelta que podría calificarse como sobrenatural. Entre septiembre y enero, Casillas lo paró todo y agotó los elogios. (Para desgracia del Athletic, la semana pasada le dio por repetir una de sus actuaciones estelares). En muchos partidos -¿quién ha olvidado su portentosa actuación ante el Zaragoza en el Bernabéu?-, los tres puntos del Real Madrid fueron cosecha suya. Nadie puede discutirlo. Como nadie puede discutir que, con otro portero más normal bajo sus palos, el equipo de Schuster no hubiese podido dar el tremendo arreón que dio ya desde el primer partido de Liga. El trofeo Zamora debe ser suyo.

El tercer protagonista ha sido Guti, que ha necesitado llegar a la treintena para sentirse titular por primera vez. El centrocampista madrileño ha jugado 29 partidos -en 24 como titular- y en muchos de ellos ha sido fundamental; una pieza clave para derribar murallas y desaparcar autobuses. En otros encuentros ha estado ausente, en ese limbo de los genios peregrinos, pero en general Guti ha sido otro esta campaña. Podría pensarse que por fin ha llegado a su madurez y ello le ha permitido mostrar una regularidad inhabitual en su carrera. El resto, claro, lo ha hecho su talento, que siempre ha estado entre los mayores del fútbol europeo. Ninguno de sus compañeros lo duda, empezando por Robinho, que esta temporada le ha buscado varias veces para sacarle brillo a las botas tras recibir una asistencia genial y marcar un gol.

Fichajes en entredicho

Hablando de Robinho, hay que convenir en que el brasileño ha sido, junto a los holandeses Van Nistelrroy y Sneijder, el único extranjero que ha hecho, aunque con algunas intermitencias, los méritos que se esperan de los grandes fichajes del equipo blanco. El resto de los foráneos, por unos motivos u otros, no ha pasado de la discreción, caso de Gago, Heinze o incluso Cannavaro, que ha mejorado respecto a la pasada temporada pero continúa sin convencer como lo hizo en Italia. Sergio Ramos ha sido de largo el mejor defensa del Madrid. Lo dicho no habla muy bien de la política deportiva del club madrileño, del ojo clínico de Ramón Calderón y Pedja Mijatovic. No es extraño que siempre tengan a mano alguna maniobra de distracción -ahora es la de Cristiano Ronaldo como antes lo fue la de Kaká-, porque la realidad es que su nómina de fichajes extranjeros no anima precisamente a lanzar cohetes. ¿Qué han aportado de verdad Meltzeder, Diarra, Batista, Saviola, Drenthe, Higuain, Marcelo, Pepe o Robben?

Parece claro que el Real Madrid necesita más calidad de cara a la próxima temporada. El fondo de armario debe mejorar. Y no ya para optar al dominio en la Liga, donde puede valerle con lo que tiene, como ha quedado bien demostrado, sino para dar el salto que le permitiría tutear de nuevo a los grandes de Europa y aspirar al título que se van a disputar en Moscú el Manchester United y el Chelsea. Porque de eso se trata.
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