
No juega el Real Madrid, pero sí «el Vitoria», tal y como atestiguaba un taxista, no demasiado ilustrado en lides baloncestísticas. Por descontado, el TAU es uno más en la 'Final Four' de la Villa y Corte, que ayer celebraba el Día de la Comunidad, conmemoración del alzamiento popular contra las tropas napoleónicas hace ya 200 años. Lejos de aquellas refriegas, el madrileño no aficionado al deporte de la canasta apenas toma nota de lo que se cuece en un punto incandescente de la calle Goya. Eso sí, en la plaza de Cibeles todo está preparado en caso de un posible alirón futbolero del Real Madrid.
Y mientras, el seguidor baskonista, a lo suyo. En torno a 2.000 se han presentado en Madrid para animar a su equipo en su cuarta 'Final a Cuatro'. El cuadro anímico medio del aficionado vitoriano se resumía ayer en una mezcolanza de resignación y una micra de esperanza.
Estoicismo y una caña
Es lo que pasa cuando un TAU intermitente durante toda la campaña se mide a una máquina de precisión como el CSKA con dos precedentes de palizas sufridas en las últimas ediciones, Atenas y Praga. Más de uno se ponía ya la venda antes de recibir herida alguna. «Si no vienes aquí con un poco de humor, estás muerto», aseguraba Txetxu pasados unos minutos del mediodía. Lo hacía apoyado en la barra de una tasca con encanto chulapón en plena Plaza Mayor.
Puro estoicismo baskonista y una de aceitunas mientras sus compañeros de expedición, Nati y Salva, retrataban la difícil empresa que le esperaba al equipo de su vida unas nueve horas después del tentempié. «Si es que ellos juegan muy bien y nosotros, un día sí y otro no», meditaban. Siempre hay recursos para elevar la moral. «A un partido todo es posible». Si algo distingue a la afición azulgrana es su fidelidad y su modestia, lo que le emparenta con los seguidores sieneses y que les enfrenta con las hinchadas macabea y moscovita, un tanto subidas y chulescas, aunque también con honrosas excepciones.
Y ante todo, alegría, la misma que se extendió en la plaza Felipe II, vecina del pabellón, en la que hicieron acto de presencia pasada la una de la tarde los gigantes vitorianos ataviados con elásticas baskonistas, un grupo selecto de gaiteros y dulzaineros y la fiel e incombustible charanga vitoriana de los eventos deportivos.
Imanes suficientes para concentrar a más de doscientos hinchas alaveses. Fue el aperitivo a lo que vendría después. Tras disfrutar de la primera semifinal, los seguidores azulgranas, la mayoría situados en la parte más alta de uno de los fondos. Una vez más, los vitorianos fueron irreductibles en una cancha donde los macabeos ocuparon prácticamente la mitad del aforo.






