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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Cultura

CULTURA
El milagro del centauro
Frédéric Pignon y su mujer, Magali Delgado, traen a Bilbao 'Cavalia', un espectáculo donde demuestran lo que se puede conseguir susurrando a los caballos

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El milagro del centauro
Susurros. Frédéric Pignon se comunica con 'Grácil' y 'Nacarado'; la complicidad entre hombre y bestias es absoluta. / José Ramón Ladra
Si hay un ser en este mundo mitad hombre mitad caballo, ése es Frédéric Pignon. Miren si no las fotos: el cráneo alargado, su esbeltez y esa crin natural que durante el espectáculo 'Cavalia' se alarga artificialmente casi 30 centímetros para parecerse aún más a sus 'congéneres'. Verle correr junto a ellos transmite libertad, belleza, confianza, amistad... Difícil describirlo, pero, por momentos, arranca escalofríos de emoción. Hay veces que, por la perspectiva, sus cuerpos se funden, se confunden mientras trotan a la par... Surge entonces el mítico centauro. Se ha producido el milagro.

Vivir esta experiencia será posible a partir del 27 de mayo, día en que 'Cavalia' abrirá al público las carpas que levantará en la explanada de Zorrozaurre. Ya han mostrado su arte en Barcelona y Madrid con gran éxito de público, sin duda en parte porque el padre de todo esto es uno de los fundadores del Circo del Sol, Normand Latourelle, otro tipo de espectáculo que siempre llena por aquí. 'Cavalia' tiene mucho de aquél; la música en directo, un espíritu característico de puesta en escena, decorados oníricos, sorpresas para hacer participar al público, geniales acróbatas... Pero aquí el protagonista es el animal. Sesenta caballos, además de cuarenta personas entre jinetes, gimnastas, músicos...

En el Circo del Sol, los animales están prohibidos por norma, al parecer para que no lo relacionen con otro tipo de circo donde en ocasiones se puede sospechar del modo en que sacan a las bestias su vena artística. Por eso, la primera pregunta que surge aquí es conocer el método. Y el filme 'El hombre que susurraba a los caballos' puede ayudar al profano a hacerse una idea.

Hace 20 años que Pignon conoció a Magali Delgado. Ambos trabajaban entonces en un centro en el que aprovechaban la sensibilidad de estos cuadrúpedos para tratar a niños discapacitados. «Fue un flechazo muy afortunado -dice ella-, porque no sabes lo difícil que es encontrar a una persona para la que los caballos lo sean todo, absolutamente todo». Ahí reside quizás una de las claves. Desde entonces viven en la finca que los padres de Magali tienen en Avignon, rodeados de sus «hijos». Llevaban mucho tiempo con espectáculos puramente ecuestres que exhibían por todo el mundo, pero se estaban planteando añadir un componente artístico a su show. El problema era el dinero. Y cuando empezaban la búsqueda de un productor, apareció Latourelle, que les había visto en acción. Juntos diseñaron durante dos años lo que sería 'Cavalia' y ya llevan cinco triunfando por todo el mundo.

Pignon invita a verle trabajar y ensayar con sus 'niños'. En la carpa, por la mañana, vestido con unos vaqueros que por la noche cambiará por un conjunto blanco, hace pasar a 'Nacarado' y 'Grácil', dos caballos dorados. Constantemente les sonríe, les acaricia, les besa en los belfos y les habla bajito en francés: «No es tan importante lo que les decimos. El lenguaje corporal es fundamental. Un entrenador de caballos ha de ser primero su psicólogo. En la equitación clásica lo que se busca es dominar al animal, pero cuando hay dominación no hay comunicación. Nunca les obligamos a nada y, por eso, esto es para ellos siempre como un juego. Si están cansados, esperamos o cambiamos de caballo. Creamos en ellos las ganas de hacer. Y, de repente, se dan cuenta de lo que significan los aplausos del público y les descubres haciendo cosas, improvisando, sólo para provocar esa respuesta en el espectador. Son increíbles». Mientras se explica, los caballos suben la pata y dan con la pezuña en el murete que los separa del público al tiempo que saludan con la cabeza, algo que, efectivamente, durante el show se premia con un «ooohhh» de admiración. Hay otro que un día sacó su larga lengua y escuchó las carcajadas de la gente. «Desde entonces lo hace siempre en el mismo momento del show».

Al inicio del espectáculo, dos caballos corren de un lado al otro del escenario, juntos y desnudos, sin montura, sin nadie que les indique nada, moviendo sus crines en libertad. Tal demostración de belleza genera suspiros entre los espectadores, igual que cuando se tiran al suelo y se revuelcan panza arriba en la arena. Quizá sean éstos los caballos más bellos del mundo. Sus crines aparecen largas y bien onduladas gracias al champú y al acondicionador, y a que cada día se les cepilla y trenza la melena. También a diario se les ducha y frota con agua caliente, de ahí que, por ejemplo, 'Phoebus', un precioso semental frisón negro, parezca de terciopelo azabache de tanto que brilla su lomo. Muy juguetón y rebelde -tiene sólo tres años-, se cree que es un perrillo: recoge una y otra vez la fusta con la que su dueño les guía, y le persigue por la pista para entregársela. «Sólo hay que rozarles con ella para que entiendan lo que quieres -aclara Magali- . Más bien es una caricia. Jamás los intimidamos». Una de las pocas reglas que deben respetar es que no pueden morderse, algo muy frecuente entre sementales.

Magali y su hermana son las encargadas de uno de los números estrella, 'El espejo', en el que, montadas en dos lusitanos blancos, evolucionan por la pista como si fueran imágenes especulares, con la dificultad que entraña hacer eso con estos animales. Otro de los más aclamados es 'El vuelo', que a muchos les recordará sin duda a alguno de los mejores momentos del Circo del Sol, con chicas volando colgadas por encima de los caballos -evitando tocarles las orejas, porque se asustarían- y una bonita canción de amor de fondo. Ahora, el número que más enfervoriza a los espectadores es 'La posta húngara', gran despliegue de acrobacias a lomos de los caballos al galope. De fondo, un coliseo romano que hace pensar en una carrera de cuádrigas. Luego llega el 'Volteo en línea', una descarga de adrenalina al ver pasar los caballos de un lado al otro a toda velocidad mientras los jinetes profieren gritos de libertad.

Lusitanos, pura raza españoles, cuarto de milla americanos (los de los vaqueros del Oeste), apalosas (los de los indios), frisones, percherones, belgas y canadienses son las razas que hacen posible este espectáculo. La mayoría son lusitanos y proceden de la cuadra de este matrimonio francés. Ya domados pueden llegar a costar 150.000 euros cada uno. Aunque han de comprar las otras razas pensando en el colorido y el carácter. Por los otros suelen pagar entre 3.000 y 30.000 euros. Y son todos machos, porque meter aquí una hembra sería problemático; algunos están castrados, pero la mayoría siguen 'enteros'; es decir, son sementales. «Dependiendo del número, utilizamos unos u otros. Si queremos que den vueltas mientras los acróbatas hacen sus ejercicios, escogemos un castrado, pero para mostrar la verdadera naturaleza del caballo, su fuerza, cogemos a los enteros», señala Magali, que prefiere los sementales «porque te dejan muy claro lo que quieren o no quieren hacer; son mucho más sensibles».

Frédéric: «Si les pides demasiado, se ponen muy tensos, y se les nota en los ojos, sólo con verles la mirada sabemos cómo se encuentran». Los jinetes también son muy importantes: «Hacemos muchos castings para encontrar el jinete adecuado para cada caballo. Y, además, no queremos personas que les levanten la mano o les griten. Les explicamos el tipo de relación que queremos que mantengan con ellos, pero es muy difícil cambiar a una persona esas costumbres».

«Me da igual que digan de mí que soy un buen o mal domador -concluye Frédéric-. Sólo quiero que el espectáculo sea un momento de comunicación con los caballo. Una vez estábamos en Alemania y un animal hizo algo diferente de lo que yo le proponía. Alguien me preguntó después si estaba decepcionado porque no había hecho lo que yo esperaba, y contesté que al contrario, que era una satisfacción que el caballo se sintiera libre para improvisar y crear. A veces te dan todo, a veces te dan menos y eso es duro para tu ego, pero también es una lección. Mi relación con ellos es de padre. Yo desde pequeño quería llegar a este nivel de comunicación, ni me imaginaba que podrían llegar a hacer cosas así, y de verdad creo que pueden llegar mucho más lejos». Habrá que verlo.
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