Henrike Knörr escribió de muchos y muy diferentes temas. Aunque él se definiera más bien como especialista en toponimia vasca, son múltiples sus trabajos sobre escritores y lexicógrafos vascos, sobre textos arcaicos, sobre euskara de Álava. Y no se limitó a cuestiones científicas o académicas, sino que siempre mantuvo ese espíritu de euskalzale que le hacía batallar por la defensa de la lengua, por su difusión y su cultivo.
Era un hombre curioso, cuyo interés por las cosas, las palabras, los sucedidos, los colegas filólogos y sus opiniones, quedaba claramente patente en una pequeña libreta que siempre lo acompañaba y en la que anotaba ese dato precioso, que tanto le interesaba. Era un hombre campechano, optimista, de trato social muy afable y educado, cuya hospitalidad disfrutamos no sólo muchos compañeros de departamento en los inicios de la andadura de la Facultad de Letras en Vitoria, sino también insignes lingüistas que nos visitaban, como Coseriu o Martinet.
En cierto sentido era un hombre un poco de otra época, de los que conscientemente llevaban boina azul y remitía sus escritos con una nota escriteusa en latín. Sit tibi terra levis, Henrico Knörr, caro amico.






