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Cultura

CULTURA
Curioso y optimista (Joaquín Gorrochategui)
02.05.08 -

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La muerte, aunque había presentado su tarjeta de visita meses atrás, tuvo prisa a la hora de llevarse a Henrike Knörr, filólogo y polígrafo vasco, académico de la lengua vasca y profesor de universidad. Inició estudios de Filosofía y Letras en Salamanca, terminándolos en Madrid en la rama de 'Filosofía pura'. Su corazón, sin embargo, había sido cautivado para la causa de la lengua vasca. Ya en su ámbito familiar conoció a Don José Miguel de Barandiarán, cuyo amplísimo conocimiento de la cultura vasca en todas sus vertientes le sirvió de estímulo y acicate en sus inicios. Después, tuvo la inmensa fortuna de toparse, como muchos de nosotros, con Koldo Mitxelena, que lo encauzó en trabajos de lexicografía vasca. Él apreciaba también mucho a Odón de Apraiz.

Henrike Knörr escribió de muchos y muy diferentes temas. Aunque él se definiera más bien como especialista en toponimia vasca, son múltiples sus trabajos sobre escritores y lexicógrafos vascos, sobre textos arcaicos, sobre euskara de Álava. Y no se limitó a cuestiones científicas o académicas, sino que siempre mantuvo ese espíritu de euskalzale que le hacía batallar por la defensa de la lengua, por su difusión y su cultivo.

Era un hombre curioso, cuyo interés por las cosas, las palabras, los sucedidos, los colegas filólogos y sus opiniones, quedaba claramente patente en una pequeña libreta que siempre lo acompañaba y en la que anotaba ese dato precioso, que tanto le interesaba. Era un hombre campechano, optimista, de trato social muy afable y educado, cuya hospitalidad disfrutamos no sólo muchos compañeros de departamento en los inicios de la andadura de la Facultad de Letras en Vitoria, sino también insignes lingüistas que nos visitaban, como Coseriu o Martinet.

En cierto sentido era un hombre un poco de otra época, de los que conscientemente llevaban boina azul y remitía sus escritos con una nota escriteusa en latín. Sit tibi terra levis, Henrico Knörr, caro amico.
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