
LOS PRECEDENTES
Se produjo el 6 de mayo de 2005. ¿El escenario? El gigantesco pabellón Olímpico de Moscú. En contra de toda lógica, de las apuestas y de los pronósticos, el Baskonia hizo descarrilar al CSKA de su vertiginosa carrera hacia el título con un inolvidable 78-85. En la primera 'Final Four' de su historia, el Baskonia daba la campanada y promovía un movimiento telúrico que dos meses después reorganizaría el mapa del baloncesto europeo. Fue un resultado que condenó a Dusan Ivkovic, azuzó la ambición del CSKA para buscar al mejor entrenador posible y terminó con Ettore Messina como nuevo entrenador del gigante eslavo. El poder moscovita se interpuso cuando el italiano miraba de reojo a Vitoria como posible destino tras su salida del Benetton y Dusko Ivanovic estrenaba contrato en el Barça.
Aquella victoria histórica fue un auténtico ajuste de cuentas. Hasta entonces, el CSKA se había interpuesto en el camino del TAU hacia las metas más ambiciosas. La rivalidad arranca en la campaña 2001-02. Tres días después de alzar la Copa del Rey en Vitoria, el plantel vitoriano afrontaba un duelo vital en casa en la tercera jornada del 'Top 16'. Se presentaba en Zurbano un CSKA que ya apuntaba hacia el renacimiento y que sorprendió a todos con un triunfo por 73-87 con Rubén Wolkowyski y Gordon Giricek como principales estiletes. Sería un marcador clave que acabaría por hacer tambalearse al TAU en la segunda fase. A pesar de imponerse en el partido de vuelta en Moscú, el conjunto azulgrana quedaría fuera de la 'Final Four' de Bolonia tras aquel último duelo a cara o cruz perdido en casa ante el Maccabi en la última jornada.
De mala manera
Habría que avanzar hacia la temporada 2003-04 para encontrar otro duelo de alto voltaje. De nuevo en el 'Top 16', el TAU pierde en el primer choque en casa por 77-80. Ese margen en contra de tres puntos es el que tiene que superar en la visita a Moscú para acceder a la 'Final Four'. A falta de cuarenta segundos, un 77-82 a favor da paso a un descorazonador 84-82, tras alguna pérdida de balón evitable y licencia arbitral para dar cera en la defensa rusa. Un TAU hundido volvía a quedar apeado de la lucha por el título mientras Papaloukas hacía el feo gesto de cercenarse con el dedo el cuello en señal de sentencia. Un año después, más de uno se lo recordaría.






