Knörr era persona muy ordenada y desde joven había hecho cuadernos de viaje, apuntes, anotaciones, verdaderos cuadernos de campo, agendas culturales que quería haber estructurado, resumido, hecho, como solía decir, literatura. Y no sólo de materias, lugares o personajes del País Vasco, sino de las cuatro esquinas del mundo, lo que explica su interés universal por el conocimiento.
Knörr tuvo siempre un decidido empeño por tender puentes al entendimiento, haciendo esfuerzos particulares por integrar en proyectos a ciudadanos de la más diversa condición. Invirtió en ello muchas energías. Su sentido liberal de la vida y su panhumanismo le llevaron en ocasiones a renunciar a cargos, honores y premios que le habrían correspondido en justa reciprocidad con sus valores intelectuales y personales, pero también deseoso de mantener su independencia.






