
«¡Esos sí que son buenos!», dice señalando a un grupo de soldados de la fragata 'Méndez Núñez', del equipo especial, los primeros que vieron cuando todo acabó y acudieron a ayudarles. Andando por la avenida que lleva al centro, con un calor sofocante, pasa otro grupo de chavales de la fragata. Juan Pedro se para a darles consejos, para que no les engañen con el cambio de moneda y les cuenta algunos trucos. Se ve que la gente del 'Playa de Bakio' ha cogido cariño a los chicos de la Armada. Se ha creado una relación especial. Él no para de preocuparse por ellos, les hace bromas.
En el bar, por fin, dos cervezas grandes muy frías. Se apresura a pagar él, muy atento. Tiene tarjeta de residente y puede usar rupias locales. Habla de la ciudad. Victoria no es tranquila por la noche, hay que tener cuidado. Cuenta alguna anécdota. Saluda a una camarera que fue novia del cocinero. Se habla un poco de fútbol, de que el otro día perdió el Athletic con el Real Madrid. A él le va más el ciclismo, y algunas veces hace unos kilómetros. No hace falta hablar nada de lo que ha pasado. Lo lleva en la mirada. Son casi las cuatro y tiene que volver a bordo. Un apretón de manos y se va. Juan Pedro Sesma, maquinista, un hombre de una pieza.






