Pero como al presidente del PP le gusta dejar pasar el tiempo hasta que las situaciones están a punto de pudrirse, el dirigente valenciano ha tenido que asumir, demasiados días, la portavocía parlamentaria en funciones hasta que pudo pasarle el testigo a su sucesora, Soraya Sáenz de Santamaría. Y lo hizo mientras oía a su alrededor que su caso, como el de otros, estaba ya amortizado.
En realidad, ayer las miradas se volvían ya hacia Acebes, en torno al que se están disparando las conjeturas sobre su próximo destino, mientras Martinez-Pujalte se paseaba con el bigote afeitado como símbolo de «los nuevos tiempos». Todos los populares distinguidos estuvieron tan políticamente correctos en su pronunciamiento sobre la marcha de Zaplana, que tan sólo la voz de la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, sonó como un trueno, con su lamento: el PP no se puede permitir prescindir de personas de la experiencia y la valía del dirigente valenciano, decía. Tal como está haciendo las cosas Rajoy, algo huele a 'desbandada' en el PP. El hueco que dejaron políticos del nivel de Rato, Mayor, Matas o Piqué está siendo cubierto por portavoces de perfil más plano.
Trillo y Arístegi siguen, así como Astarloa, recuperado, con alfileres, para Justicia. Pero Pizarro y Costa se han quedado sin juego. Luisa Fernanda Rudí volvió del Parlamento europeo para calentar el escaño en la Carrera de San Jerónimo. En Defensa veremos a Salmones, partidaria del canon digital, y a Montoro («menos mal», dicen los clásicos) en Economía. A Gonzalez Pons no le regalan nada en el Congreso porque podría llegar a llevar la voz cantante del partido ante los medios. Al tiempo.
De momento, Alfonso Guerra, un clásico de las filas socialistas que ha sabido nadar y guardar el escaño como nadie durante treinta años, se maliciaba ayer que el caso de Zaplana estaba cantado porque, cuando un político de derechas deja de triunfar en la carrera política, porque no cuentan con él, se busca la vida en la privada. Desde el PP se acusaba el golpe diciendo que «hay que poder encontrar, cuando se busca; no todos pueden. El que vale, encuentra algo en la privada; si no, siempre te pueden colocar los del Gobierno una embajada en el Vaticano».
Ironías aparte, Rajoy sigue corrigiendo, sobre la marcha, sus actuaciones. No pensaba acudir a la celebración del bicentenario del 2 de mayo que organiza todos los años Esperanza Aguirre. No le estaban afectando las críticas pero un mensaje contundente, a través de SMS, le hizo cambiar de opinión.
t.etxarri@diario-elcorreo.com






