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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Economía

DESACELERACIÓN
La crisis pasa factura a Europa

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Los europeos van a pagar caras las alegrías norteamericanas con el crédito hipotecario: medio punto de crecimiento en la Eurozona este año con respecto a las estimaciones del pasado otoño y seis décimas el que viene, de acuerdo con los datos ayer hechos públicos por la Comisión Europea en sus previsiones económicas semestrales.

Joaquín Almunia, comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, no ocultaba la importancia del impacto de la crisis en la UE, cuyo efecto más pernicioso va a ser, probablemente, un repunte de la inflación hasta niveles hace mucho tiempo desconocidos: el 3,2% en la Eurozona este ejercicio y el 3,6% de media en los 27 miembros de la Unión. En España tendrá una manifestación aún más drástica por sus conocidos problemas en sectores escasamente competitivos y el aumento de los precios alcanzará el 3,8% y el 2,6%, respectivamente, según Bruselas. Además, el crecimiento de la economía nacional quedará limitado al 2,2% este ejercicio -ocho décimas menos de lo vaticinado en otoño y una décima por debajo de la última revisión a la baja del Gobierno- y a un todavía más mediocre 1,8% el que viene. Así, se convertirá en el país que más verá frenada su actividad por la desaceleración internacional, ya que su Producto Interior Bruto (PIB) avanzó un 3,8% en 2007.

Predecir el futuro es algo por lo que se ha pagado siempre, en Delfos y en el confesionario ;y esto de las previsiones económicas no deja de ser un ejercicio de adivinación. Con apoyo informático, pero adivinación a fin de cuentas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) predijo hace una semana que la Eurozona se expandiría este año el 1,4% y en Bruselas se llevaron las manos a la cabeza porque consideraban que, en su ejercicio de adivinación, al organismo multilateral se le había ido la mano. Ayer, la Comisión se sacó de la chistera un 1,7% para el presente ejercicio y un 1,5% para el próximo, lo que tampoco es para echar las campanas al vuelo, teniendo en cuenta que el potencial de crecimiento de los países del euro oscila entre el 2% y el 2,5%.

Décimas arriba o abajo, tanto da. De lo que se trataba ayer era de demostrar que Europa está mejor que Estados Unidos. En finanzas públicas, en deuda y en déficit exterior. Y con estos mimbres, Almunia construyó un mensaje político de confianza en clave macroeconómica: «El crecimiento se está moderando en la UE y en la zona euro -señaló-y las actuales tensiones inflacionistas, importadas del exterior, son motivo de preocupación. Aunque las economías de la UE han demostrado elasticidad frente a las crisis externas, y se prevé que, aunque en menor grado, persistirá la creación de empleo, es preciso seguir insistiendo en el mantenimiento de políticas económicas sólidas y evitar cuidadosamente que se desencadene una espiral inflacionista, que afectaría muy en especial a las familias de baja renta».

Los ciudadanos pagan

Es decir, que el peso de la crisis lo van a soportar la gente de a pie, que es hacia la que la política monetaria europea está derivando desde hace años todos los desmanes de la economía internacional, ya sean éstos debidos a la perversión del modelo capitalista por parte de sus principales valedores -las 'hipotecas basura' y su venta por los tenedores como activos para obtener cobertura de riesgos, por ejemplo- o por el muy oscuro negocio del petróleo, en el que intervienen muy pocos y casi todo se paga en dólares. La actual escalada de precios del crudo se explica, en parte, por el desfondamiento del dólar: los países productores, que cobran en dólares, suben el precio porque esa divisa está por los suelos. Luego, los que compran la gasolina para el coche en Europa obtienen un precio indexado en euros sobre dólares devaluados, pero nadie parece en la UE quererle meter mano a un mecanismo perverso.

Ayer, una ONG alemana, Transparency Internacional, hizo público un informe en el que se da cuenta de que la mayor parte de las empresas petrolíferas muestran una escasísima predisposición a dar publicidad a lo que pagan en los países donde operan.

Pero la inflación, en Europa, se la comerán los salarios.
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