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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Jueves, 9 febrero 2012

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SITUACIONES
Vecinos al límite
Las localidades que dibujan la frontera de Vizcaya están peor comunicadas y presentan graves carencias de servicios e infraestructuras

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Vecinos al límite
Al colegio. La lejanía de Carranza con Bilbao favorece la eventualidad del profesorado. / Pedro Urresti
Una veintena de municipios delimitan la frontera vizcaína con Álava, Burgos y Cantabria. Una característica, esa naturaleza fronteriza, que no es la única que comparten. En su mayoría se trata de localidades pequeñas, poco pobladas y alejadas de núcleos urbanos grandes. Circunstancias que les afectan, en lo referente a los servicios, de manera negativa. Ya que hasta los límites del territorio llegan menos autobuses y trenes y también hay menos centros médicos -eso, cuando los hay- y colegios para que estudien los niños. Así que sus ciudadanos están obligados a desplazarse para casi todo. Y mejor en coche que en transporte público, que los vecinos juzgan deficitario.

Otra cuestión común a todos ellos: aunque dependen administrativamente de la provincia de Vizcaya, hacen mucha vida en las cercanas Cantabria o Álava. Para ellos es habitual «cruzar la frontera» porque lo hacen prácticamente a diario, aunque a veces se sientan «en tierra de nadie». EL CORREO ha visitado varios de estos rincones que pueblan la 'muga' vizcaína para buscarles su particular 'talón de Aquiles'. Y no tienen uno, tienen muchos.

LANESTOSA

Una furgoneta trae el pescado

«La única tienda del pueblo es un ultramarinos»

El 'mercado' abre temprano en Lanestosa. A partir de las nueve de la mañana la plaza de la villa más pequeña y occidental de Vizcaya se convierte en un trajín de compradores y vendedores. Los segundos llegan en camiones para abastecer al vecindario de pescado, fruta y productos congelados. El resto de los alimentos se compran «en el ultramarinos», la única tienda que permanece abierta en la localidad. Y para la compra del mes, no hay más remedio que acercarse hasta Zalla, donde los vecinos también asisten a la consulta de los médicos especialistas. Los que no tienen prisa van en autobús, «pero no queda otra que esperar dos horas allí para volver. Y si quieres ir hasta Bilbao, que hay 68 kilómetros, tardas casi dos horas», se queja Francisco Izquierdo, edil del municipio.

Solucionados los asuntos domésticos matinales, sobre las doce del mediodía llega al pueblo la cartera con la correspondencia. «En localidades poco pobladas, los carteros se convierten en oficinas ambulantes», comenta un portavoz de la empresa Correos. La mujer aprovecha el viaje a Lanestosa para recoger los sobres, que aquí no se echan al buzón, sino que se entregan en mano y, de paso, ejerce de recadera para todo. «Si necesitas alguna cosilla, unas aspirinas o lo que sea, ella nos hace el favor y nos lo trae desde Carranza. Así nos ahorra el viaje», explica Izquierdo. Además de en Zalla y Carranza - adonde asisten a clase en microbús la docena de niños que habitan en Lanestosa-, los habitantes de este pequeño municipio hacen mucha vida también en Cantabria, especialmente en la población de Ramales -situada a sólo seis kilómetros- y en Laredo -que se encuentra a treinta-.

OTXANDIO

El autobús a Bilbao tarda 1,15 horas

«A los 18 años los chavales ya tienen coche»

El millar largo de vecinos que habita Otxandio se contabiliza en el censo vizcaíno, aunque hagan más vida en Álava. Dos ejemplos gráficos: los alumnos de Secundaria estudian en la localidad alavesa de Durana y las consultas médicas de los especialistas que les corresponden son las de territorio alavés. Afortunadamente para ellos, ya que Vitoria está a 25 kilómetros y Bilbao a más del doble. «Por cercanía y por operatividad se atiende a los pacientes en Txagorritxu en vez de en Cruces», justifican desde el Departamento de Sanidad del Gobierno vasco cuando se les cuestiona sobre los vizcaínos que acuden al médico fuera de la provincia.

Debido a la localización de Otxandio en los límites del Duranguesado, algunas áreas municipales dependen de la comarca de Arratia-Nervión. «Al final estamos en tierra de nadie», se queja el alcalde, Aritz Otxandiano. Esta dispersión de los servicios, advierte el máximo edil, es «asumible» por los vecinos que tienen coche, pero se complica cuando se depende del autobús, el único transporte público con que cuentan en el municipio. Siete autocares cubren la línea hasta Vitoria de lunes a viernes y cuatro los fines de semana -otro les acerca cada hora a Bilbao pero tarda hora y cuarto-. «En cuanto cumplen los 18 años, los chavales tienen carné y coche», comenta Josu Lasuen, de la asociación de padres, que se queja de la «poca frecuencia» del transporte.

Unido a su localización fronteriza, otro hándicap: Otxandio es una población pequeña, lo que le priva de algunos servicios. «El gas ciudad no llega desde Legutiano, que está a menos de diez kilómetros porque traer la red de suministro hasta aquí no sale rentable a las empresas». La alternativa, un depósito de gas propano, que les surte de combustible.

UBIDEA

Un médico se acerca unas horas

«Necesitamos un transporte a Txagorritxu»

Los vecinos de la pequeña aldea de Ubidea presumen de un envidiable «paisaje natural» y de gozar de «una inmensa tranquilidad». El precio a pagar es que apenas hay servicios ni oferta de ocio en este privilegiado enclave del punto sur de Vizcaya. No hay tiendas, ni bancos, ni oficina de Correos... Tampoco ambulatorio, así que «un médico se acerca al pueblo tres horas al día para atender a los enfermos». Las compras, los estudios y las consultas médicas especializadas les obligan a trasladarse hasta Vitoria -que se encuentra a unos 25 kilómetros-.

Aunque es un trayecto que hacen prácticamente a diario, no hay ningún transporte público que cubra este recorrido, denuncia el alcalde de la localidad, Joxan Pagola. Así que los vecinos «se buscan la vida». «Para nosotros es habitual quedar con alguien que vaya en coche a Vitoria y te lleve», relata la Agurtzane Bengoa, vecina de Ubidea.

De los problemas de transporte que afectan a Ubidea ha dado cuenta el Ayuntamiento a la Diputación. «Sabemos que somos pocos y fronterizos, pero necesitamos un transporte público para ir a Txagorritxu, especialmente las personas mayores», advierte el alcalde. La petición se topa con «la política» del Departamento vasco de Transportes, que persigue que «los servicios de autobús sean rentables socialmente, es decir, que no hagan viajes vacíos, y económicamente soportables, ya que son deficitarios».

La orografía de Ubidea también agudiza su aislamiento porque el puerto de Barazar dificulta la comunicación con los municipios vizcaínos aledaños. «Como los servicios de Bienestar social dependen de Arratia-Nervión, cuando quieres ingresar a un vecino en un centro de día lo mandan a un pueblo de la comarca, pero si se derivara a una residencia alavesa se evitaría subir y bajar montañas. Aunque no se pertenezca a esa provincia sería más práctico», propone el primer edil.

CARRANZA

Muchos maestros y pocos taxis

«Hay que favorecer el asentamiento del profesorado»

A los estudiantes del extenso valle de Carranza no les da tiempo a acostumbrarse a las virtudes y defectos de sus profesores porque cada poco tienen uno diferente. Esta eventualidad en el profesorado responde, según la concejala de Cultura, Garbiñe Aja, «a la lejanía con el centro de la provincia» -está a 58 kilómetros de Bilbao-. Los responsables locales aseguran «haber tratado» este asunto con la delegación vasca de Educación «para favorecer de alguna manera el asentamiento del profesorado», especialmente en los primeros años escolares, «cuando es más necesaria para el niño la confianza con el docente», advierte el presidente de la asociación de padres, Pedro Larrinaga, pero encuentran «bastante difícil» dar con una solución.

Y es que Carranza no sólo es un municipio apartado, también muy disperso -hay hasta 48 núcleos de población-, así que las comunicaciones, tanto las internas como con las localidades de los alrededores, siguen siendo la asignatura pendiente. Para muestra, un gráfico ejemplo: el del médico de urgencias que atiende en la zona, que tiene que utilizar un sistema GPS para poder llegar a los caseríos más alejados.

Si moverse por Carranza no es sencillo, tampoco lo es salir. Hay autobuses y trenes que llegan a Bilbao, pero «sus horarios coinciden a algunas horas, lo que supone que a otras no hay transporte público». También pueden coger un taxi. Literalmente, porque «sólo hay uno para todo el valle», se queja la concejala. Para facilitar la movilidad del vecindario, el Ayuntamiento modificará próximamente la normativa de taxis «de forma que circulen más y no haya licencias que no estén en activo. Además queremos que haya uno de ocho plazas para recoger a los vecinos de los barrios dispersos» a modo de microbús.

GORDEXOLA

Poco transporte y mal coordinado

«Con el gas ciudad hay una asignatura pendiente»

Gordexola discurre a orillas de una carretera general a lo largo de doce kilómetros, lo que le convierte en un municipio muy disperso. Con lo que ello supone de carencia de servicios. «Cada vez hay menos comercios en el pueblo porque los vecinos están acostumbrados a ir en coche a municipios más grandes para comprar», lamenta el alcalde de la localidad, Iñaki Aretxederra. Y para otros asuntos que no son sólo las compras, pero que entran dentro de los servicios básicos: la educación y la sanidad. Al colegio y al médico especialista se va a Balmaseda y a Zalla, respectivamente. No está lejos, pero «difícilmente se puede cubrir este trecho en transporte público», se queja el primer edil. «Necesitamos un ajuste de horarios entre los autobuses que salen del valle y el tren que desde Sodupe nos llevaría a Balmaseda y a Zalla porque la descoordinación entre los viajes supone una espera media en Sodupe de una hora hasta coger el tren», explica Aretxederra.

Curiosamente, acercarse hasta Bilbao no presenta tanto problema. Un autocar pasa cada hora y tarda aproximadamente 45 minutos, una frecuencia que juzgan «adecuada» y que «no implica mayor problema». Y tampoco hay obstáculo si se utiliza el coche -«el recién estrenado tramo de autovía va a mejorar mucho la comunicación con la ciudad», auguran en Gordexola-.

Además de en esta escasez y descoordinación del transporte público, la lejanía de Gordexola respecto a otros núcleos de población de mayor envergadura también se refleja en otras infraestructuras. Un ejemplo: el gas ciudad está todavía por llegar. «Esperamos que podamos coger una ramificación en cuanto llegue hasta los municipios cercanos al Cadagua», adelanta el alcalde, que reconoce que ésta es «la asignatura pendiente para esta legislatura».
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