
CAJASOL TAU CERÁMICA -
El día de la marmota se ha instalado en el Buesa Arena. Al igual que la película 'Atrapado en el tiempo', donde un gruñón Bill Murray repite una y otra vez la misma jornada por su incapacidad para evolucionar y ser mejor persona, aquí sucede un tanto de lo mismo. Reincide en sus males el TAU Cerámica, que acabará cuarto la Liga regular. Un día, y otro y otro y otro. De vez en cuando barrunta un haz de luz; la Supercopa, la Copa, los cuartos de final de la Euroliga y algún encuentro suelto. Los clavos ardiendo a los que aferrarse. No obstante, se desvanecen tan pronto esos destellos que la depresión se impone enseguida. ¿Dónde ha quedado el carácter? ¿Nadie en este equipo se da cuenta de que si uno no mantiene en el tiempo una línea consistente y al alza, luego, cuando necesite ponerse, probablemente no lo logrará?
Última prueba
En la última prueba previa a la 'Final Four', el conjunto vitoriano, con McDonald integrado de hecho, se dejó morder por un rival que pasaba por aquí. Con la permanencia en la mano, el Cajasol se jugaba la dignidad y poco más. Como el Baskonia. Sólo que uno, el visitante, le echó más arrestos. Preparó mejor el partido. Tiró de matería gris. Pensó en colectivo. Se encontró también sus dosis de fortuna y volvió a su casa con una sonrisa resplandeciente.
Todo lo que abundó en la formación hispalense escaseó en el anfitrión. Durante el primer cuarto anduvo el Baskonia por las campas de Armentia, adelantó la romería de San Prudencio. Y el Cajasol, disciplinado y elocuente, le comió a triples, al tiempo que paró la aguja de su cuentakilómetros (12-23, minuto 7).
Al final de esa desastrosa apertura, el decimotercer equipo de la ACB le había colado treinta puntos. Repetimos, el decimotercer clasificado. Mostrar tanta desidia este viernes con el CSKA Moscú, un bloque que no perdona el más mínimo error contrario, podría reducir a cero las esperanzas azulgranas en un abrir y cerrar de ojos. ¿O no?
Individualismo
Los cambios mejoraron algo el panorama. Tampoco demasiado ya que este TAU pecó de nuevo de individualismo. Había jugadores que querían ganar... por sí solos. La prueba de que ésa no era la solución quedaba plasmada en cuanto el ataque baskonista engarzaba tres pases seguidos. Pero al brillar por su ausencia la tensión defensiva, la tragicomedia empezó a degenerar en drama de pañuelo en mano.
Ni siquiera impuso su mando el inquilino del Buesa Arena cuando atascó las ruedas visitantes. Dejó al Cajasol en diez puntos durante el tercer cuarto. Hasta se adelantó en el electrónico durante un milisegundo (61-60, minuto 29). Sin embargo ese desesperado toque de corneta duró lo que la llama de una cerilla.
Entraron ambos en el último cuarto de la mano. Una imagen demasiado repetida este curso. La ruleta rusa como desenlace. El todo o nada a la última carta. La intranquilidad en la grada quedaba justificada. Porque un día más, cuando el ondulante TAU sestea durante tanto tiempo seguido, su reconexión llega tarde.
Kakiouzis y Bennett rompieron la baraja. El Baskonia, enloquecido, se enredó él solito y el Cajasol, que venía casi de garbeo encontraba el premio gordo a su empeño gremial. Que alguien pellizque al TAU, que el viernes se topa con todo un CSKA.







