
A pesar de la flexibilidad mostrada por Hamás en esta última tentativa de acercamiento -ha accedido a excluir a Cisjordania de la tregua y a que se aplique primero únicamente en Gaza, tal como reclama Israel-, el portavoz de Olmert, David Baker, restaba crédito ayer a la oferta islamista, tachándola de engañosa. «Israel quiere la paz, pero Hamás -decía- está jugando, intentando ganar tiempo para rearmarse y reorganizarse». «Desgraciadamente, esto no parece nada serio. Hamás continúa apuntando a los israelíes y armándose», secundaba Mark Regev, otro de los colaboradores del jefe de Gobierno hebreo.
No obstante, detrás de los mensajes en voz alta tan fieles a la consigna del Ejecutivo israelí de no hacer tratos con los «terroristas» de Gaza, una fuente del Ministerio de Defensa no identificada señalaba que Israel no descarta «un acuerdo tácito» con Hamás, como los habidos otras veces. Sin publicidad, ceremonias ni taquígrafos, que pudieran apuntalar la imagen de los islamistas en detrimento del presidente Mahmud Abbas, con quien el Ejecutivo judío negocia un proceso de paz.
Acuerdo por etapas
«No lo descartamos -señalaba el oficial que prefería esconder su identidad- con la condición de que se haga por etapas. En la primera fase exigimos un cese total del disparo de cohetes por parte palestina. Luego, nosotros estaríamos dispuestos a continuación a reducir nuestras operaciones si continúa la calma».
Si para la aislada Hamás la consecución de un periodo de tranquilidad es de máxima importancia, debido a que la asfixia de Gaza podría volverse contra su autoridad, para Israel el pacto se considera una puerta para lograr la liberación del soldado Gilad Shalit, capturado en la Franja el 25 de junio de 2006. Y casi la única vía para evitar una operación de gran escala sobre la región.
Con estas premisas, los dirigentes islamistas recibieron ayer sin inquietud visible el publicitado rechazo de Israel, convencidos -según palabras del principal negociador de Hamás, Mahmud al Zahar- de que Egipto abrirá su frontera de Rafah con Gaza haya o no tregua, lo que supondría la rotura de facto del bloqueo.
Para presionar a favor de la apertura de todos los pasos y el fin del embargo, Hamás convocó ayer a la salida de la oración manifestaciones que fueron seguidas por 5.000 personas en Erez y 2.000 en Rafah.






