
El máximo responsable de la Diputación foral vizcaína puso ejemplos concretos para defender como algo «normal» la posibilidad de un Impuesto de Sociedades distinto dentro de Euskadi. «Si las empresas de Agurain y Altsasu pueden tener diferencias entre sus impuestos de sociedades y no pasa nada, de la misma manera puede ocurrir entre Castro y Muskiz, entre Laguardia y Miranda, entre Irún y Hendaya o entre Eibar y Ermua», dijo.
El mensaje, más allá de ser un pronunciamiento o una reflexión genérica, tiene una enorme carga coyuntural y está dirigido a dos receptores distintos. El primero de ellos, a partidos como el PSE e incluso Eusko Alkartasuna que, dijo sin nombrarles de forma directa, «pueden tener la tentación de intentar regular un impuesto directamente con una Ley del Parlamento vasco». Pero también hay otro destinatario más próximo de ese mensaje: el PNV de Guipúzcoa, que presiona desde hace meses para forzar una nueva revisión global del polémico Impuesto de Sociedades y para conseguir un acuerdo de armonización que sirva para todo el País Vasco. Algo a lo que la Hacienda vizcaína se resiste.
«Si tras realizar todos los esfuerzos de armonización en el Impuesto de Sociedades -advirtió José Luis Bilbao- un territorio decidiera apartarse de lo acordado anteriormente, por problemas de pruritos políticos absolutamente cortoplacistas, tampoco sería para volvernos locos». Con ello vino a advertir de que la Diputación vizcaína no está por la labor de abrir de nuevo el 'melón' de la fiscalidad de las empresas, como reclama de forma insistente el Ejecutivo foral guipuzcoano que lidera Markel Olano.
En su intervención, el dirigente vizcaíno criticó también las imperfecciones que tiene el entramado jurídico del País Vasco y, en especial, la Ley de Territorios Históricos, así como la imposibilidad de las Juntas Generales para aprobar normas con rango de ley, lo que ha generado numerosos problemas, principalmente en el ámbito de la fiscalidad. En esta línea, se refirió a una cierta tendencia 'centralista' por parte del Parlamento vasco que, a su entender, ha contribuido a «alterar la distribución de poderes» entre las instituciones.
Criticó en ese sentido el hecho de que se hayan aprobado leyes en la Cámara de Vitoria que «han modificado competencias de los territorios históricos, sin ningún trámite de acuerdo o negociación, aplicando una trágala institucional ante cambios en la asignación de competencias y siempre en el mismo sentido: quitándoselas a los territorios y asumiéndolas las instituciones comunes». Como ejemplo práctico de esta situación mencionó la aprobación de la Ley del Suelo.






