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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

Cultura

DESFALCO
La cuantía del desfalco se basa en la confesión del autor pero no se ha comprobado
Azkarate admite que sólo se ha podido contrastar lo robado en 2004-05 para ver si coincide con los datos de Cearsolo

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La cuantía del desfalco se basa en la confesión del autor pero no se ha comprobado
EL ENCAUSADO. Roberto Cearsolo, ex director financiero. / M. ATRIO
Juan Ignacio Vidarte y Miren Azkarate, director general del Guggenheim y consejera de Cultura, respectivamente, confían en que el 'caso Cearsolo' no esconda más zonas oscuras, aunque la investigación realizada por el museo tras descubrirse el desfalco sólo alcanza, por ahora, a los años 2004 y 2005. «¿Y el resto?», preguntó la socialista Isabel Celáa ayer en la Cámara de Vitoria. «¿Qué ocurrió de 1998, cuando empezaron los robos, y ese primer año?», insistió la parlamentaria del PSE en la comisión de Cultura.

La respuesta fue que, de momento, los responsables del Gobierno vasco y el Guggenheim se fían «de la confesión del infractor» y, teniendo como fundamento su declaración, redactaron la denuncia que ya se tramita en el Juzgado de Instrucción número 1 de Bilbao. Aún falta la «auditoría de guerra» encargada a la empresa Attest, que cubrirá el periodo entre 1998 y 2006, así como la propia investigación judicial, de modo que tampoco puede descartarse que los asientos contables que Cearsolo aportó en su carta coincidan con la realidad. En cualquier caso, los comparecientes en Vitoria adelantaron que los datos cotejados en los ejercicios 2004-5 coinciden con los aportados por el autor confeso del fraude.

Si la presencia de Vidarte y Azkarate en el Parlamento se produjo por la tarde, por la mañana compareció la diputada de Cultura de Vizcaya, Josune Ariztondo, en la comisión correspondiente de las Juntas Generales de Vizcaya. De su relato se deduce que Cearsolo llegó a sentirse impune y que no se preocupó de maquillar los desvíos del dinero del museo hacia su patrimonio. En 2004 emitió cinco cheques, unas operaciones para las que no estaba autorizado y en las que suplantaba la firma de Vidarte, su jefe. Lo hizo sin miramientos: dos talones a su nombre, que sólo pudo cobrar en persona; y otros dos al portador, uno de ellos también tramitado en ventanilla por él mismo. Los extremos del cuarto y quinto cheque aún están por aclarar. Pero no la suma de los cinco: 25.585 euros, entre ellos uno de sólo 320, una cantidad discreta, y de 5.925, 7.623 y 9.211 euros, cifras más vistosas y para las cuales los bancos suelen tener más ojos y precauciones.

Cuenta propia

Según la versión de Ariztondo, la voz de alarma dentro del museo saltó cuando Andoni Dobaran, a principios de abril, recibió el encargo de preparar una documentación contable sobre el 2005 requerida por el Tribunal Vasco de Cuentas para realizar una auditoría sobre la Tenedora, encargada de la compra de obras de arte.

Al ver cosas que no cuadraban, pidió los movimientos bancarios a la BBK, entidad financiera con la que esa sociedad tiene su cuenta. Cotejando esas cifras y las que aparecían en los documentos del museo, confeccionados por Cearsolo, afloraron los desajustes y las sospechas de robo. El propio ex responsable de Finanzas, en su carta a Vidarte fechada el 9 de abril, admitió que en 2005 había realizado diez transferencias ilícitas desde la Tenedora. Su destino estaba en dos cuentas. A una de ellas se transfieren 56.000 euros y su titular es él, que de nuevo no tiene reparos en embarcarse en una operación de riesgo. La titularidad de la segunda, en La Caixa, no ha sido desvelada por el banco para guardar la confidencialidad de su cliente, que no coincide con ningún proveedor de la Tenedora. La identidad se revelará en el curso de la indagación judicial.

Las transacciones de ese año se realizaron por vía telemática. Excepto en una operación del 14 de marzo de 2004 por valor de 28.500 euros; era la primera vez que Cearsolo utilizaba otro método distinto al cheque. Días antes, el 9 de marzo, el «ladrón confeso», como lo calificó Ariztondo, había pedido al banco de la Inmobiliaria y Tenedora, y en nombre de las dos sociedades, una solicitud para ampliar los límites de disponibilidad de fondos hasta los 600.000 euros, a pesar de no tener ningún tipo de poder.

Alteración en el Registro

«Cearsolo no trasladaba la cantidad de esas transferencias a la contabilidad, sino que las registraba artificiosamente incrementando el importe de las operaciones de inversión en activos financieros (aquellos que se piden para financiar las actividades de una entidad)», relató la diputada de Cultura. «Por ejemplo, en una compra de activos financieros de 5 millones de euros figura como importe casi doscientos mil más», aclaró la diputada.

Al ser la única función de la Tenedora la propiedad y la compra de obras de arte, estos falsos incrementos se tuvieron que producir en el dinero destinado al pago de algunas de las piezas de la colección Guggenheim. Los desajustes contables no terminan aquí. Los importes presentados en los libros de la Tenedora del Registro Mercantil no coinciden con el extracto bancario, y se introducen nuevos cargos tras el cierre del ejercicio. Cearsolo también manipuló la lista de recibos bancarios del 2005 y eliminó cualquier referencia a sus operaciones.
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