
«¿Has hablado con tu padre?» se interrogaron Ainhize Sesma y Onintza Clemos emocionadas. «Están bien y eso me da ánimos para pensar que esto se solucionará rápido. Para el lunes los tenemos aquí», aseguró una optimista pero ojerosa Ainhize mientras tomaba una tila en un bar situado en el puerto de la villa turística. Onintza también se mostró serena, aunque reconoce que el revuelo generado por el secuestro de su padre le tiene «un poco desconcertada». «Cuando oyes este tipo de noticias no piensas que el acoso mediático puede ser tanto, pero cuando te toca a ti... No tienes un minuto de tranquilidad», aseguró.
En el corto paseo por el puerto lekeitiarra, ambas recordaron las ocasiones en que sus padres se reunían para ir a comer cuando estaban de permiso. «Mi aita me decía que había quedado con el tuyo para cenar y tomar unos potes porque se llevaban muy bien. Ahora cuando regresen tenemos que quedar y celebrarlo todos juntos. Luego lo recordaremos como una anécdota y enseñaremos a nuestros hijos la que han montado sus aitites», bromeó Onintza.
El rostro de ambas jóvenes cambia cuando se muestran las fotografías de sus progenitores. No pueden ocultar la emoción contenida. «¿Éste es Gotzon?. Pues me suena un montón. Igual de verle en alguna foto. Mi padre guarda muchas de la tripulación, pero las tiene en el portátil que lleva siempre encima. Seguro que los secuestradores ya se lo han robado», afirmó Ainhize.
La angustia de ambas crece cada minuto que pasa, pero confían en que las negociaciones que lleva a cabo el Gobierno lleguen a buen puerto. «Si es cuestión de dinero, como parece, que pague el que tenga que hacerlo. Queremos tenerlos en casa ya», recalcan.
Ayer, además de conocerse, tuvieron la oportunidad de charlar con sus respectivos padres. La conversación duro sólo un minuto pero les ha inyectado «ánimos y la seguridad de que volverán enseguida». «No saben el revuelo que se ha montado por ellos. Aunque estamos cansadas, es importante que se hable del asunto para que las autoridades presionen en las negociaciones», coincidieron.
Las jóvenes recordaron también las historias de piratas que les contaban sus progenitores cuando hablaban del Índico. Aventuras que en ocasiones no tenían demasiado en cuenta. «Pensaba que era una historieta, pero mira qué historieta más real», aseguró Ainhize. «Sólo he visto bucaneros en las películas. Quién me iba a decir que esto me iba a suceder a mí», suspiraba Onintza.






