
Soto navegó en el 'Elai Alai', atunero de la compañía Etxebastar Fleet, y sus últimos 15 años en activo transcurrieron en aquella zona. «Los piratas son un problema de siempre. Ahora, ayudados por las nuevas tecnologías como el GPS han pasado de actuar cerca de la costa a hacerlo más lejos», asegura. Lartitegi, antaño patrón del 'Txori Berri', de la compañía Inpesca, también operó por el cuerno de África. «Los armadores siempre nos pedían mucha precaución», recuerda.
En opinión de estos curtidos arrantzales «todas las medidas son pocas» en aguas somalíes. «En esa costa es imprescindible asignar a una persona las 24 horas del día para controlar el radar. Si en la pantalla detectábamos el avance rápido de barcos pequeños se daba la alarma para alejarnos a toda máquina». Lartitegi, además, afirma que llegó a adentrarse a 80 millas de Somalia. «Eran otros tiempos ya que de unos seis años a esta parte es impensable acercarse ni a 200», apunta.
Asimismo, el ex patrón del buque 'Matxikorta' de la empresa Nicra-7, José Manuel Gaban-txo, sólo conoce los peligros del océano Atlántico. Él representa la otra cara de la moneda en la profesión. «Nunca hemos tenido ningún sobresalto fuera de las labores propias de la actividad», afirma. Sin embargo, al igual que Lartitegi y Soto, se compadece de la actual situación del 'Playa de Bakio'.
Con la esperanza puesta en que todo se solucione «rápidamente», los tres jubilados bermeotarras dan la clave para que la historia no vuelva a repetirse. «Una fragata allí es vital. Por un lado, daría seguridad a las embarcaciones y por otro aportaría la asistencia médica de la que actualmente carecen los arrantzales», reclaman. Los tres, además, recelan que los barcos vayan provistos de armas. «Eso incrementaría el problema», manifiestan.






