
Con una voz bastante forzada, «se le notaba que estaba controlado», el joven supervisor de máquinas esbozó algunas pinceladas del abordaje al buque bermeotarra. «Se produjo de noche. Bombardearon el barco con una especie de cohetes que lanzaron al puente de mando. Luego subieron a cubierta. Al principio fueron cuatro, aunque luego llegaron más y puede que sean una decena», detalló Arana.
El marino guipuzcoano también tuvo tiempo para comentar de refilón el estado en el que se encuentra el atunero. «La radio funciona porque nos han dejado utilizarla. Algún sistema de navegación está en marcha ya que el barco es navegable, pero tampoco nos han detallado los problemas que puede tener».
Al otro lado del hilo telefónico, con el corazón en un puño, Joxe Mari esperaba ansioso que su hijo le confirmase que se encontraba bien. «Dentro de lo que cabe, nos dan un trato humano. Estamos bastante tranquilos porque nos han dejado claro que no tienen nada personal contra nosotros. Nos han hecho entender que sólo quieren dinero y que enseguida se pondrán a negociar con nuestro Gobierno», explicó.
En su despedida, el 'benjamín' de la tripulación vasca enrolada en el atunero de la empresa Pevasa -la próxima semana cumplirá 22 años- añadió que les dejan acudir a los camarotes para hacer sus necesidades, aunque el resto del tiempo «nos tienen confinados en el comedor». «Aita, tranquilos, sólo quieren dinero» se despidió.
La firmeza de esas palabras serenaron el ánimo de sus progenitores. «Piensa que va a salir bien. Tiene un carácter bastante firme. Me ha parecido que estaba entero y después de hablar con él estamos más tranquilos», señaló Joxe Mari, quién desconfía de que los piratas les permitan comunicarse de nuevo con su hijo. «No nos ha dicho nada al respecto. Ha sido todo muy rápido. Unos tres minutos».
La familia Arana se mantiene en contacto permanente con la naviera, el Gobierno vasco y con el Ministerio de Asuntos Exteriores. «Intentan iniciar unas negociaciones, pero desconocemos cómo se desarrollan».
En la misma situación se encuentran la mujer e hija del lekeitiarra Juan Pedro Sesma. En la conversación telefónica mantenida ayer a la mañana, el engrasador del barco pudo confirmar que toda la tripulación está bien. En el escaso minuto que los piratas les permitieron hablar con su casa, trató de transmitir tranquilidad a los suyos.
«Al principio no le he reconocido la voz, pero en cuanto he me dado cuenta que era aita me he puesto muy nerviosa y sólo le he podido preguntar cuatro cosas», relató Ainhize Sesma, la única hija del lekeitiarra. «Todos los hombres, menos el capitán y el jefe de máquinas, estamos retenidos en la cocina», relató después de preguntar con voz entrecortada «¿Ya sabéis lo que está pasando?».
Robo de algunos objetos
En la corta conversación, el marinero pudo precisar que en general les tratan bien. «Nos han robado algunos objetos personales de los camarotes, alguna chaqueta y zapatos», detalló Sesma, para confirmar que no ha tenido especiales problemas para continuar con su medicación.
En su despedida, insistió en transmitir calma. «No os preocupéis. Creemos que las negociaciones empezarán pronto, pero puede que vaya para largo. Estaros tranquilos y tener paciencia. Un beso para el 'chiquillo'». Su mujer Mari Carmen no puede reprimir las lágrimas al escuchar el relato de Ainhize. Para acortar la jornada, ayer, decidió acudir a trabajar. A su regreso, lamentaba profundamente no haber podido hablar con su esposo. «Si habitualmente es difícil despedirse, en esta situación tan incierta, no haber podido escucharle es muy doloroso» recalcó.
Los captores también permitieron a los otros tres marineros vascos que conforman la tripulación -el lekeitiarra Iñaki López, el gernikarra Gotzon Clemos y el vecino de Pasaia Jaime Francisco Candamil- contactar con sus familiares a primera hora de ayer. «Sólo ha tenido tiempo para decirnos que están bien», señaló la madre del marino guipuzcoano.






