
Su discurso era valiente. A lo mejor demasiado. «Si me vienen a buscar, aquí me tienen», señalaba sin temer las consecuencias de sus palabras. Contemplaba los daños en la sede de su partido, saludaba a otros miembros de la formación, a sus amigos. Recordaba todos los años que lleva sin poder caminar sólo, siempre acompañado de su sombra, de su escolta. «No van a poder con nosotros», insistía una y otra vez con una voz que, a pesar de sus intentos por mantener la entereza, por momentos se entrecortaba.
No quería mostrar signos de flaqueza. Quiere abrir de forma inmediata la casa del pueblo «para seguir luchando». «Si quieren vencernos, nos tendrán que matar a todos. Tendrán que meternos a todos en una caja», expresó.
Igual de firme se mostró el portavoz del PSE en el Ayuntamiento de Mondragón, Ovidio Campello. El concejal socialista aseguró que la banda terrorista «no les va a mover» y exigió a la izquierda abertzale que «se moje y condene» el atentado.
Además de reclamar al Gobierno vasco que aumente la vigilancia alrededor de las sedes socialistas, Campello advirtió a ETA de que «si lo que quieren es amedrentar, no lo van a conseguir». El portavoz del PSE también reconoció que no esperaban ser objeto de tantos ataques -en diciembre hubo otro de kale borroka- «al ser el pueblo de Arnaldo», en alusión a Otegi, ex portavoz de Batasuna actualmente en prisión.
El Ayuntamiento ha convocado para hoy una junta de portavoces a partir de las nueve de la mañana con el objetivo de condenar el atentado y celebrar sendas concentraciones silenciosas, una de ellas a las doce del mediodía ante el Consistorio y otra a las siete de la tarde frente a la sede socialista atacada.






