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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

Política

LA BICEFALIA DE ZIZURKIL
Un pueblo con dos caras
Una carretera y colosales diferencias físicas, sociológicas y económicas dividen en dos a Zizurkil, cuyo Ayuntamiento ha ordenado retirar de sus calles los símbolos de homenaje a los etarras Arregi y Geresta

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Un pueblo con dos caras
CONTRASTES. Un grupo de niñas juega durante el recreo junto al monolito en memoria del miembro de ETA Joxelu Geresta, 'Ttotto'. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO DE IGNACIO PÉREZ
Zizurkil es un pueblo de contrastes drásticos. Físicos, sociológicos y económicos. Esta pequeña localidad guipuzcoana, de 2.850 habitantes, obtuvo el título de villa en 1615. En la actualidad, está dividida en dos núcleos: el original, de carácter rural y conocido como Zizurkil Goia; y Elbarrena, que se asienta en la margen izquierda del río Oria y tiene una fuerte influencia industrial. Ambos están separados por una distancia de dos kilómetros que, en realidad, es como si fueran veinte.

La decisión de su Corporación -en la que no está ANV por la anulación de su lista- de cambiar el nombre a una plaza y retirar un monolito, en ambos casos dedicados a dos miembros de ETA fallecidos, ha puesto el foco sobre un municipio poco conocido. Este acuerdo, adoptado por unanimidad -con los cinco votos del PNV, dos de EA, dos del PSE, uno de EB y otro del PP- el pasado lunes en un tenso pleno, ha crispado la relación entre los vecinos, «que, en cualquier caso, es mucho más cordial de lo que ha aparecido estos días en los medios de comunicación», según afirma el equipo de Gobierno, integrado por los partidos que lideran Iñigo Urkullu y Unai Ziarreta.

Junto al letrero que indica al visitante que entra en la villa, otro del mismo tipo, pero más grande y con fondo azul, reza: 'Zizurkil independentziaren alde' (Zizurkil a favor de la independencia). Toda una declaración de intenciones. La llegada a Zizurkil Goia, situado en un pequeño alto, descubre un paisaje idílico. La iglesia, rodeada de caseríos y dos bares, aglutina al barrio. El Ayuntamiento, las escuelas y el frontón completan el núcleo.

El resto es un enorme valle salpicado de caseríos dispersos vigilados por el monte Ernio. Lo más chocante es la fuerte simbología existente en un lugar en el que el nivel de vida que se respira produce una sana envidia. En la inmensa mayoría de las balconadas de los edificios, más parecidos a chalés que a casas rurales, lucen la ikurriña y la bandera que reivindica el acercamiento de los presos de ETA a Euskadi.

De política, «ni caso»

En una huerta de los alrededores, Antón -nombre ficticio-, azada en mano, mima su plantación de patata. A la vez que mira al cielo de reojo, explica que la tierra está demasiado húmeda para el tubérculo, por lo que ha aprovechado el viento sur para removerla y que se seque un poco. A pesar de su avanzada edad, se mueve con soltura entre los surcos mientras confiesa que «a nosotros nos ha tocado trabajar con poco sueldo». Sobre la política tiene una teoría. «Ni caso, el que quiera líos », sostiene.

Es media mañana y los niños de la escuela salen al recreo. La pelota a mano supera en afición al fútbol y muchos de los chavales aprovechan la proximidad del frontón para pelotear. El frontis, por su cara posterior, contiene un mural contra el Tren de Alta Velocidad. A su lado, una placa recoge: 'Joxelu Geresta Ttottoren txokoa', en alusión al coautor del asesinato de Miguel Ángel Blanco y Fernando Múgica. Pocos metros más adelante, un puño cerrado en forma de monolito también recuerda al miembro de ETA, ya fallecido. Tanto la placa como el monumento desaparecerán en breve en virtud del acuerdo municipal del pasado lunes. Ajenos a la polémica, los alumnos aprovechan la explanada para desarrollar sus juegos.

En una terraza próxima, tres mujeres jóvenes admiten que en Zizurkil «se vive bien» y que es en la zona rural donde mayor nivel de vida hay. Apuntan que en la cotidianeidad «no existen problemas de convivencia», al tiempo que subrayan la, a su juicio, «anormalidad» que se produce al haber «una mayoría de ANV que no está representada en el Ayuntamiento». El municipio registró 486 votos nulos. Un cartel contiene los nombres de cinco concejales junto a la inscripción 'lapurrak' (ladrones), el número de escaños que los aeneuvistas consideran que les corresponden.

El descenso a Elbarrena en coche dura menos de cinco minutos, pero las diferencias son colosales. Este núcleo, separado de Villabona por el río Oria, creció en torno a la papelera y se encuentra literalmente dividido por las vías del tren. Su población se multiplicó a partir de la década de los sesenta con la llegada de inmigrantes. Los bloques de pisos, algunos de ellos de doce alturas, dibujan un inequívoco paisaje industrial.

En rotunda contradicción con la parte alta, cuesta encontrar alguna ikurriña o bandera de los presos. La exaltación patriótica, patente en Zizurkil Goia, brilla por su ausencia en esta zona, eminentemente obrera.

José Ignacio se afana en cuidar su pequeño jardín, una de las escasas zonas verdes de esta parte de Zizurkil. La experiencia es un grado y, a sus 84 años, elude entrar en profundidad en cuestiones políticas. Se limita a afirmar que «cada uno tiene sus motivos». Coincide, sin embargo, con una impresión generalizada: «Aquí la gente vive bien».

En vísperas de la celebración del pleno que decidió el cambio de nombre de la plaza y la retirada del monolito, la fachada del Ayuntamiento y otros rincones del municipio aparecieron sembrados de pintadas amenazantes en contra de la alcaldesa, del concejal del PP, del PNV, de EA, y de vítores a 'Ttoto' y el también etarra Joxe Arregi. Han sido reivindicadas por personas anónimas que advierten de que seguirán «la lucha» mientras los partidos tomen decisiones como la del lunes. Los propios ediles nacionalistas se encargaron de taparlas al día siguiente.

Convivencia con silencios

A diferencia de muchos pueblos de Euskadi, los graffitis políticos no proliferan en las calles de Zizurkil. La plaza dedicada a Joxe Arregi, sin embargo, está presidida por un mural antiguo en favor de los presos y refugiados. Cuestionada por este periódico, la regente de un negocio próximo responde que la gente «no le da importancia» al cambio de denominación. En su opinión, «son los políticos los que se fijan en estas cosas».

Reunidas en la sede de EA de Zizurkil, las concejales de este partido Ana Olaziregi e Idoia Ariznabarreta, la alcaldesa peneuvista, Mari Ángeles Lazkano, y los también ediles jeltzales Egoitz Sorozabal y Sagrario Jauregiberri rechazan la superficialidad con la que, a su entender, se ha tratado estos días a su municipio y ofrecen su propia radiografía. «A diario no se da la crispación reflejada, de lo contrario, la convivencia sería inviable», reflexionan. «El Ayuntamiento también tiene proyectos importantes entre manos como el encauzamiento del río, la reurbanización de barrios enteros o el TAV», proclaman.

El equipo de gobierno subraya y defiende la «pluralidad» existente en Elbarrena frente a la 'reserva' de Zizurkil Goia. «Una división potenciada desde el propio Ayuntamiento cuando gobernaban ciertos partidos», precisan, en alusión a la izquierda abertzale. En este sentido, denuncian que ese mundo «no quiere el mestizaje» en la parte alta del municipio para mantener sus privilegios.

Según el equipo de Gobierno, la defensa de la lucha obrera y la política de izquierdas que predican los abertzales no se aprecia por ningún lado en Zizurkil Goia, donde el tipo de vida burgués salta a la vista. «Nosotros llamamos a eso la 'revolución en BMW'», apostillan.

Los concejales del PNV y EA aseguran que la relación con los representantes de la izquierda abertzale «no es difícil», a pesar de que «haya muchos silencios» y, «en momentos puntuales, nos ataquen». Recuerdan, no obstante, otros tiempos en que «estaban muy radicalizados», como en el mandato municipal de 1995 a 1999. En las fiestas patronales de 1997 medio centenar de encapuchados protagonizó una oleada de sabotajes, en los que resultaron quemaron el batzoki y el alkartetxe. Hoy en día, indican, el contexto es distinto y «abogamos» por un trabajo sin estridencias, porque, cuando salta la polémica, «es el espacio en el que ellos se encuentran más cómodos».
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