
A media mañana, una mujer que prefería mantenerse en el anonimato relató que la Ertzaintza pasó con la megafonía antes de las tres, con instrucciones de «cerrar las persianas y abrir las ventanas, así como que nos alejásemos de la fachada que daba a la casa del pueblo». En un principio, no recibieron explicaciones del motivo, hasta que más tarde y por los mismos medios, les informaron de que había un aviso de bomba.
Esta sede socialista, anteriormente, ya había sido objeto de varios ataques, «pero ninguno tan fuerte como éste», aseguró. «Ya estamos hartos. Yo quiero paz y tranquilidad. Los políticos tienen que arreglarlo. Lo ideal sería un diálogo. Aquí (en Elgoibar) hay gente muy diversa», reflexionaba en alto.
Al margen de la propia casa del pueblo, el número de afectados por la deflagración en la localidad guipuzcoana ha sido bastante menor que en La Peña. La cantidad de explosivo ha resultado inferior y la morfología del barrio, distinta. Mucho más abierta y menos angosta. En la fachada, un pequeño resto de lo que era una placa, en el que se podía leer Agrupación Socialista de Elgoibar, era el único rastro visible que identificaba el local.
«Lo peor, la espera»
Ramón García, que vive enfrente de la sede, tenía el coche de su empresa aparcado junto a ella. Cuando le despertó la megafonía, salió a la ventana para escuchar mejor el mensaje y se fijó en la existencia de una bolsa negra delante de la puerta de la casa del pueblo. Por un instante, se le ocurrió bajar a mover el turismo, idea que desterró al segundo siguiente. Este joven afirmaba que se «temía que algo así iba a suceder».
En una vivienda próxima al edificio atacado, Pedro -nombre ficticio- apuntaba que, tras escuchar las instrucciones de la Ertzaintza, «hemos pasado a casa de los vecinos, que está más alejada, por si acaso». «Lo peor ha sido la tensa espera hasta que ha explotado».
Pedro también pudo ver la bolsa donde se encontraba el explosivo junto a la puerta de la casa del pueblo, «pero pensaba que era para alarmar. Lo que no me explico es por qué no estaba más vigilada. Esto es obra de mal nacidos. Así no se soluciona nada. Llevo aquí 50 años, toda mi vida, y aquí dejaremos la piel. Esperemos que por muerte natural», precisó.
El local contiguo a la casa del pueblo es una panadería que lleva el nombre del barrio. «A los chicos no les dejaron entrar de madrugada cuando iban a hacer el pan», señalaba una vecina. Milagrosamente, mantenía el escaparate en pie. A falta de una revisión más profunda del interior, lo mínimo que perdieron fue la jornada de trabajo.
El barrio Urasandi se encuentra separado del núcleo de Elgoibar por el río Deba. Mientras los servicios municipales limpiaban las calles próximas a la casa del pueblo de cristales y escombros, la vida seguía con absoluta normalidad en el casco antiguo de la localidad guipuzcoana. El buen tiempo y un cross infantil inundaron las calles de gente, que ni siquiera cabían en las terrazas de la plaza de los Fueros, junto al Ayuntamiento. En algún corro se comentaba alguna circunstancia del atentado. En otros, ni siquiera se habían enterado.






