
Realmente, los costes de la visita han estado justificados puesto que el alquiler del estadio de los Yankees, donde el Santo Padre impartió ayer una multitudinaria misa, y su conversión en una iglesia portátil, han sido caros. La gracia de reformar el recinto, una obra valorada en 900.000 millones de euros, y la capacidad limitada de 57.000 asientos para la ocasión, supuso un hándicap. Representantes de 195 diócesis acudieron a Nueva York y cerca de 800 autobuses transportaron feligreses al estadio. A esto habría que sumar los gastos en distribución y emisión de entradas, así como las estrictas medidas de seguridad para blindar la vida del Papa.
Además, según informó el Ayuntamiento de Washington, la capital invirtió 1,5 millones de euros sólo en seguridad y servicios de limpieza durante la visita del Pontífice a la Casa Blanca para hablar con Bush.






