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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

Sociedad

ANDREU BUENAFUENTE
«Lucho por no convertirme en un amargado»
Ha demostrado que el humor inteligente tenía cabida en la medianoche televisiva: «Empiezo a tener una edad en la que callarme es absurdo»
20.04.08 -

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«Lucho por no convertirme en un amargado»
EN FORMA. Buenafuente se siente en su mejor momento: «Vivo una etapa de plenitud». / EL CORREO
Todos los empleados de El Terrat, la productora creada por Andreu Buenafuente (Reus, 43 años), tienen una careta de su jefe transformado en burro. «Esta es una empresa seria, pero nos reímos de nosotros mismos», aclara el director de esta factoría de contenidos televisivos, que da de comer a casi 400 familias. Superado el centenar de programas en La Sexta, con Chikilicuatre a punto de batir récords de audiencia en Eurovisión, Buenafuente se congratula de haber arrinconado los contenidos basura en la medianoche. «Acabo el programa y me voy a casa con una tranquilidad... Cuando venía algún invitado sospechoso de pertenecer a ese mundo sentía urticaria».

-¿Sabría qué hacer con Belen Esteban?

-No me la traen, porque no tiene sentido. Jamás pagamos a los invitados, porque el entretenimiento lo hacemos entre todos: tú tienes algo que vender y yo lo hago divertido. Pagar a un invitado es la prostitución del mundo de la comunicación. Ese punto artificial de la tele no lo trabajo.

-¿Xavier Sardà le ha felicitado alguna vez?

-No. Sardà es un tipo muy frío. Trabajé con él unos años y ya está. Sé que el programa le ha gustado y me ha respetado, pero no tengo relación con él.

-Usted es quizás el catalán más popular de España.

-No, hombre, será Serrat... Bueno, no sé. Una vez, el ex presidente Pujol dijo que era muy importante lo que yo había hecho por Cataluña. Seguramente, yo aporto una desmitificación del estereotipo: un catalán que se dedica al humor. Yo soy charnego: mi madre es murciana, mi padre catalán, mis abuelos andaluces... Represento esa normalidad desacomplejada, aunque, en fin, no sé si ni siquiera me represento a mí mismo...

-Para empezar se ríe de los propios catalanes.

-Sí. El catalán tiene un sentido del humor cojonudo. Una tolerancia al humor muy europea, con mucha osadía y sorna. Yo soy del sur de Tarragona, allí somos malhablados, escatológicos, nos cagamos en todo. El catalán que vive cerca de la central de Ascó no tiene nada que ver con un señor de la calle Balmes.

-¿Cómo es Reus?

-Una ciudad muy tranquila y bonita, una de las claves de mi vida. Era muy progresista a principios del siglo XX, un foco cultural anárquico, una ciudad de putas y poetas, en contraposición a la Tarragona de funcionarios y curas. Dicen que los de Reus tenemos una personalidad especial, y nos gusta creérnoslo.

-Reus es su patria.

-Sí. Hace unos días me inventé una cosa que me ha gustado: 'Mi país es la risa'. Me gusta pensar que hay un estado neutral, donde puede vivir cualquiera de cualquier parte del mundo. Cada vez me gustan menos los nacionalismos, antiguos e intolerantes. Yo trabajo para reír, y el que se quiera reír que venga, que estará calentito y a gusto.

-¿Es usted un tipo gracioso?

-Elocuente, dicen. A veces me hago gracia. Estoy todo el rato vendiendo la moto. Todo esto que ves es fruto de la labia. El Terrat no es nada, es una empresa basada en un estado de ánimo. Y lleva una venta acojonante.

Rajoy, con sorna

-Siempre ha reconocido que no se siente a gusto como entrevistador. ¿Ha mejorado?

-Me arrepiento de haberlo dicho. Sinceramente y sin vanidad, me siento en el mejor momento de mi carrera. Una sorpresa, porque uno siempre cree que ya lo sabe todo. Me comparo con otras épocas y me siento con muchos recursos. Este programa me ha exigido muchísimo, yo se lo he dado y él me lo ha devuelto. Vivo un momento de plenitud.

-Los políticos ya acuden al programa. ¿Un triunfo o un fracaso?

-Un triunfo de la normalidad, algo que en otros países está plenamente establecido. Aquí nos choca por el sempiterno retraso español. Es bueno que el político asuma su trabajo y comunique. Creo que en las próximas elecciones vamos a ver otro escenario corregido y aumentado.

-¿No se corre el riesgo de frivolizar la política?

-Hombre, tienes que escoger el programa donde vas. Pero hay muchos comunicadores, no necesariamente periodistas, que pueden conectar. A mí me encantaría ver a Zapatero con Arguiñano, descubrir qué humanidad le saca. Depositas tu confianza en esos tipos, y quieres saber más de ellos.

-Se le vio muy relajado con Zapatero en la Moncloa.

-Me llamó la atención su sonrisa cuando entró: sincera, de normalidad. Supe que no iba a ser un estirado. Habló en todo momento en primera persona del plural, y eso es bueno, porque los políticos tienden a napoleonizarse. Y si ya hablan en tercera persona es la hostia.

-¿Y Rajoy?

-Una buena predisposición, eso sí es verdad. Y una sorna gallega con retranca que estaba muy bien. Realmente escucha, y es rápido en las respuestas. Estuve muy a gusto también con él.

-¿Tiene espectadores de derechas?

-Me consta que sí, algunos me han dicho que me ven. Lo que pasa es que como la derecha española tiene esa tendencia a la radicalización -a pesar de que ellos lo nieguen-, no sé hasta qué punto puede reírse de sí misma. Sería bueno que la gente, a las doce de la noche, dejara la derecha y la izquierda en el maletín, se sentara en el sofá y se riera de Zapatero, Zaplana, Esperanza Aguirre o Pepe Blanco, que más o menos hacen el mismo trabajo.

-Ayer se entregaron los Micrófonos de Oro, el premio que usted rehusó recoger hace un año porque también se lo habían concedido a Jiménez Losantos. ¿Al final se lo enviaron a casa?

-No. Fui a Ponferrada a nivel particular para apoyar a Luis del Olmo, nuestro padrino de la comunicación y el último hombre que puede pedir favores. Me sugirió que fuera y hablara un rato con los de Ponferrada, y yo encantado. Rechazar el premio fue una declaración de principios. Empiezo a tener una edad en la que callar me parece absurdo y ser sincero lo más normal del mundo. No puedo entender lo de Jiménez Losantos, me parece una parodia de sí mismo, un programa de humor que no merece premios. Mi postura fue también un toque de atención a estos premios salomónicos tan nuestros, donde lo importante es que vayan caras, sin entender el mensaje de los galardones. Ya no voy a ninguno, curro tanto... No puedo pasar los sábados por ahí.

-Lenny Bruce decía que él no era un cómico: «El mundo está enfermo, y yo soy el médico». ¿Se ha sentido alguna vez así?

-Hay dos Buenafuentes: uno suave que modula su agresividad para que los espectadores estén cómodos. Y otro cañero, aunque no tanto como Lenny Bruce, que sale en textos, la web...

-Vamos, que en la tele se corta.

-Sí. Suavizo mi tono. Pero estoy luchando, ¿eh? Por intentar ser yo y no resultar agrio. Lo hablamos mucho entre compañeros: el peligro es cuando te vuelves un amargado, entonces se te corta la risa. Lenny Bruce era genial, pero acabó amargado.

-Pero hay noches en que le apetecería...

-¿Siiií! Berlusconi. ¿Puedo decir todo lo que pienso sobre él? Una lucha diaria. El último repaso de guión antes de salir lo hago yo, y siempre le corto las uñas.

«Soy un tipo honesto»

-¿Se sigue considerando «el tipo más bueno de este negocio»?

-Supongo que voy madurando. Me considero un tipo honesto que dice y reclama la verdad. Y eso es muy difícil de encontrar en este mundo de personajes con corbata, que se hacen los fríos y distantes, siempre hablando de números. Yo lucho por unos valores.

-Quiero enrolarme en El Terrat. ¿Cómo le convenzo?

-Tendría que gustarte mi mundo y hacerte ilusión estar aquí. Y tendrías que tener ideas que estuviesen un poco bien. Y si no, la capacidad para gestionar las ajenas. Y lo más importante: nariz, la intuición de saber ante cinco cómicos quién es el bueno. Y no tener grandes aspiraciones económicas, claro.

-Póngame un ejemplo de esa nariz.

-Berto. Un día estaba escuchando la radio y descubrí a un colectivo llamado El Cansancio, diferente, surrealista. Fabricamos su personaje. Berto no sabe qué placer me da su éxito. Es la demostración más clara de qué es esta movida.
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