
Pero Madrazo insiste en que no tiene «instrumentos» para hacerlo, ya que los estatutos de EB dejan la competencia de los pactos municipales en manos de las diferentes asambleas locales. Su objetivo es intentar «gestionar» un tema que, según algunos sectores de la coalición, puede hacer mucho daño al partido de cara a las próximas elecciones autonómicas. No es el único frente abierto que se le presenta al líder de EB: los malos resultados del pasado 9 de marzo han hecho aflorar las críticas internas a poco más de un mes de la asamblea en la que aspira a ser reelegido como máximo responsable de su formación.
-¿Hay alguna posibilidad de convencer a los ediles de Ezker Batua de Mondragón para que apoyen la moción contra ANV?
-Estamos hablando permanentemente con ellos para que, primero, apoyen la moción en la que se exigirá a los concejales de ANV que se desmarquen de la violencia o presenten su dimisión, y luego la de censura en caso de que ANV haga caso omiso. Creemos que es la postura más coherente con nuestro programa, con el sentimiento de la sociedad, de nuestra base social y de los principios éticos que defendemos.
-Pero no están teniendo demasiado éxito en esas conversaciones.
-Es un trabajo que vamos haciendo de forma constante, pero, de momento, su posición es otra. De todas formas, eso no es óbice para que sigamos manteniendo el diálogo con ellos con el fin de hacerles comprender que es una decisión muy desacertada. No pierdo la esperanza. Lo intentaremos hasta el último momento, pero tampoco me llamo a engaño porque hasta ahora no ha sido posible ni factible.
-¿No pueden presionarles para que acaten la decisión de la dirección?
-Más allá de la crítica que la dirección de EB hace a la actitud de sus ediles en Mondragón, lo cierto es que nuestros estatutos -que son la forma de estructurar la vida de la organización- dejan claro que se trata de una competencia local. Por eso hemos trasladado nuestro interés en que este tipo de decisiones no se tomen sólo a nivel municipal, sino que se negocien con la dirección, y en caso de que no haya acuerdo, que sea el órgano superior el que tenga la última palabra.
-¿Y si ellos se mantienen firmes, tomarán alguna medida sancionadora?
-No. Nos tenemos que mover dentro del respeto al marco estatutario, nos guste o no nos guste. Se aprobó democráticamente en la pasada asamblea y a él nos debemos. Insisto: más allá de la crítica política a su decisión, no tengo instrumentos para tomar otra serie de medidas. Espero que a partir de la próxima asamblea -se celebrará el 31 de mayo y el 1 de junio- se modifiquen los estatutos; entonces estaremos en una situación distinta.
-Sin embargo, Gaspar Llamazares ya ha mostrado su intención de expulsar a los ediles si no apoyan la moción. Incluso reconoció que no tiene «mecanismos legales», pero dejó claro que los buscará.
-Gaspar comparte nuestra decisión de crítica política, pero también es consciente de que los estatutos son los que son. Él sabe, y así lo ha dicho públicamente, que no es posible expulsarlos.
-Sí lograron, en cambio, que tras el asesinato de Isaías Carrasco abandonasen el equipo de gobierno que conformaban con ANV.
-Sí, fue un momento en que me alegré porque entendieron perfectamente que era conveniente dejar el Gobierno municipal. Fue una decisión correcta y positiva que me gustaría que se repitiese ahora, que entendiesen que la postura de la dirección es de globalidad, que es la acertada y que es la que hay que seguir.
-¿Qué explicaciones les dan los concejales de Mondragón?
-Basicamente dos. La primera, que no ha habido voluntad negociadora por parte del PSE. Nosotros hemos instado al Partido Socialista a que haga un esfuerzo de negociación programática para plantear una moción de censura constructiva y no pedir un cheque en blanco. La segunda razón que nos dan es que entienden que no es positivo para la normalización ni la convivencia en el municipio.
Cuestión prepolítica
-Y a ustedes no les convencen.
-Pues no, porque por encima de todo esto hay un principio ético de solidaridad con las víctimas, de defensa de los derechos humanos. Es una cuestión prepolítica que está por encima de cualquier otra consideración. O por lo menos, ese es nuestro juicio. Otra cosa es que luego se esté o no en el nuevo equipo de gobierno; eso dependerá del acuerdo programático porque cabe la posibilidad de apoyar esa moción pero mantenerse en la oposición. Lo que sí nos parece básico es que quién esté al frente de un gobierno municipal sea alguien comprometido con la paz y con los derechos humanos y no alguien que calla ante el asesinato de un convecino. No es un gobierno que se merezca Mondragón ni ningún otro municipio de Euskadi.
-¿Sería partidario de retrasar la moción de censura hasta que ustedes modifiquen sus estatutos y puedan imponer su postura a la asamblea local?
-Esa es una decisión que nosotros no adoptamos y, por tanto, no nos corresponde tomar. Nosotros ya hemos dicho cuáles son las condiciones en las que EB se mueve en este terreno.
-Esta polémica les está generando una situación muy complicada.
-No estamos mirando intereses partidistas, sino actuando con coherencia política y programática. Nos preocupa ser coherentes con nuestro programa, nuestro electorado y la sociedad, más allá de si nos coloca mejor o peor.
-Pero resulta evidente que no es el mejor escenario para Ezker Batua.
-Bueno, digamos que no me resulta grato el que nuestros concejales en Mondragón se sitúen al margen de la política que marcan los órganos de dirección.
-¿No teme que esta imagen de debilidad sea aprovechada por el PSE-EE?
-El PSE no puede darnos lecciones de democracia y compromiso ético porque a la hora de relacionarse con ANV y la izquierda abertzale se ha movido en función de su conveniencia. Ellos han negociado con la izquierda abertzale y con ETA después de la T-4, donde murieron dos personas. Y tampoco promovió ninguna moción de censura tras el atentado de Capbreton. Que no haga partidismo.
-¿Le inquieta que la situación de Mondragón se extienda a otros municipios donde EB es clave para desbancar a ANV de las alcaldías?
-No preveo una situación semejante. Por ejemplo, en Zizurkil se ha apoyado sin ningún problema cambiar el nombre de una plaza en recuerdo de un etarra.
-¿En todo este debate tiene algo que ver que los concejales de Mondragón pertenezcan a Batzen, la corriente interna de EB muy crítica con su gestión?
-Son cosas distintas. Yo no lo relacionaría. La posición de EB-Mondragón no es nueva; en situaciones similares ha creado la misma problemática que está generando ahora.
Unidad interna
-Uno de los miembros más destacados de Batzen, Oskar Matute, firmó recientemente una carta en la que cuestionaba la permanencia en el Gobierno vasco tras los malos resultados del pasado 9 de marzo.
-No me sorprendió. Fue una carta respetuosa y hecha desde una posición constructiva y que muestra la pluralidad, el debate interno y la democracia existentes en EB. Es un signo positivo en vísperas de una asamblea que se tiene que caracterizar por el debate de ideas y de propuestas políticas.
-¿Le afectó que uno de los firmantes fuese Matute?
-No, porque Oskar es una persona muy leal a la organización, que aporta sus puntos de vista desde su libertad y buscando lo mejor para EB.
-¿Espera que de aquí a la asamblea se sosiegue el panorama interno de la coalición?
-Sobre todo por el bien del proyecto, es necesario que salgamos de la asamblea lo más unidos y fortalecidos posibles. Es un reto que tenemos. Voy a trabajar por la integración.
-¿Espera que haya una lista alternativa?
-Hasta ahora siempre ha sido un signo de normalidad. En otras formaciones, una lista alternativa es un signo de controversia o anomalía; en la nuestra, es de pluralidad. Hay que vivirlo sin dramatismo, aunque admito que me gustaría que hubiese el menor número de listas posibles para hacer una lo más integradora posible. Lo importante es que después caminemos todos en la misma dirección.
-Los firmantes de aquella carta ponían en cuestión uno de los pilares básicos de su estrategia, la permanencia en el Gobierno vasco.
-Es un debate legítimo. Pero recuerdo que nuestra entrada en el Ejecutivo fue apoyada en referéndum y que cuenta con un respaldo muy importante en la organización. En una asamblea todo es revisable y replanteable. No hay que poner límites al diálogo y a las propuestas que se puedan formular.
-Demuestra que parte de EB no está muy satisfecha con su estancia en el Ejecutivo porque cree que limita su actuación.
-No es incompatible influir o estar en un Gobierno con mantener un perfil de izquierda social, comprometida con los movimientos sociales y pegada al terreno. La huella que ha dejado Ezker Batua en el gabinete de Juan José Ibarretxe es verdaderamente importante.
-¿No le obliga a reflexionar el que parte de su militancia le diga que se han abandonado las políticas sociales?
-En Euskadi hay tendencia a que el 'monotema' lo absorba todo y consuma las energías; me refiero al conflicto vasco y a la normalización política. Y esa es una preocupación que yo tengo de forma permanente. Por eso he dicho que, sin abandonar la apuesta por normalizar la situación política, tenemos que ser capaces de situar en el primer plano de la agenda el debate social. Este es el gran reto que tenemos. Debemos conectar con las preocupaciones cotidianas de las personas; las preocupaciones íntimas que decía Bernardo Atxaga.
-¿No son demasiados frentes abiertos?
-Bueno, habrá que gestionarlos. Hay coyunturas que son más difíciles y complicadas, pero es necesario saber aceptarlas.






