
Salmerón había optado de inicio por un once conservador y sin apenas cambios respecto al del 'Poli' Ejido. El único, Adrián, sólo en el ataque, que debutó como titular para sustituir al sancionado Coromina. Con el lógico ajuste de piezas que situó a Tarantino en el eje de la zaga, Edu Alonso en el lateral diestro y Calderón en el zurdo. Nació así un Alavés dominador durante los primeros compases y que se aguó con el paso de los minutos, al tiempo que las filtraciones defensivas acababan con grandes goteras en la portería de Bernardo.
Primer regalo
Mientras el Alavés amasaba la pelota cada vez más lejos de la meta rival y con menos peligro, Las Palmas se dedicó a explotar sus armas. La velocidad al contragolpe y los desmarques de los delanteros Márquez y Adrián -notable éste- a la espalda de los laterales alavesistas. Aunque el primer dardo se clavó en la diana alavesista en una pelota sin aparente peligro. Edu Alonso, más que desorientado durante toda la primera parte, se dejó ganar la posición y Sergio estrenó el marcador de cabeza. El golpe llevó al equipo albiazul a la lona. Y sin superar los efectos del gol, entre la vulgaridad del toque sin precisión por parte albiazul, otro error de Edu Alonso dejó la pelota de nuevo a Sergio. Esta vez, el interior zurdo sacó la calidad para limpiar la escuadra y dejar al cuadro alavesista ante algo más que una escarpada pared.
Sergio al mando
Y Stevanovic, que ni corta ni toca en el centro del campo, se quedó por fin en el vestuario. La entrada de Toni Moral por la izquierda resituó a Mena casi de segundo punta y, sobre todo, dio el mando de la zona ancha a Sergio. El riojano, que vuelve al nivel de sus mejores partidos como alavesista, tomó el mando. No sólo por el gol que acortó distancias a tiempo, sino porque el Alavés se ancló a sus botas para generar fútbol y comprometer a un adversario que por momentos perdía la compostura.
Las Palmas recurrió sin rubor a los contragolpes y las pérdidas de tiempo, consentidas con impunidad por un colegiado que, a base de ahorrar tarjetas, se desentendió de los problemas. Y el Alavés, sin excesiva continuidad pero con empuje, tiró de todos los recursos con el regreso de Aganzo y la entrada final de Igor Martínez. Con un partido de ida y vuelta, el que se había negado a jugar de salida, y la obligación de arriesgar hasta el límite. Hubo ocasiones por ambas partes -más claras las locales al contragolpe-, pero el Alavés amagó con el empate. Fue en un gran zurdazo de Mena que rozó el palo.
La escuadra local tiró después de oficio para inutilizar los minutos y convertir el tramo final en algo distinto a un partido. Más bien, un continuo parar el juego del que el Alavés apenas logró rescatar algunas acciones a balón parado que resultaron insuficientes. Y volaron los tres puntos con esa pésima sensación de que se regaló demasiado. 45 minutos de juego y dos goles. El cuadro albiazul sigue sin avistar la costa y el mar del descenso amenaza con sus peligrosos arrecifes.







