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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

Cultura

JUAN IBARRONDO, ESCRITOR Y PERIODISTA
«Hay gárgolas en Vitoria que reflejan ideas anarquistas»
El autor vitoriano publica en Bassarai su tercera novela, basada en hechos reales, con elementos históricos y de género negro
20.04.08 -

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«Hay gárgolas en Vitoria que reflejan ideas anarquistas»
NOVELA. Ibarrondo, con su libro, ayer en la feria. / RAFA GUTIÉRREZ
Con 'Las ruinas de la Catedral Nueva' (Bassarai), Juan Ibarrondo (Vitoria, 1962) quiere -entre otras cosas- ayudar a sus paisanos a redescubrir su ciudad. Y lo hace a través de una suma de hechos reales y de ficción, de historia y literatura, de memoria y de suspense, de piedra e ideales. Mañana se presenta -Casa de Cultura, 19.00 horas-, junto al corto 'Gárgola rojinegra', de Carol Caiaffo y Gentzane Martín, con Kepa Murua (editor), Txabi Arnal (escritor) y poemas de Javier Alonso Alvarado.

-Ken Follet dijo que se inspiró en Santa María. Ahora, usted escribe sobre el nuevo templo. ¿Es tiempo de catedrales o de casualidades?

-Realmente es una casualidad. Luego, cuando vi todo el follón que se montó con la visita de Ken Follett, consideré que podía ser afortunada. Pero muchas veces nos vamos a conocer el pasado más remoto y nos olvidamos del más cercano, oscurecido no por el tiempo que difumina los contornos de las historias, sino de forma voluntaria.

-¿Por ejemplo?

-Lo que pasó en España después de la Guerra Civil. Hablaría de una novela histórica viva, porque pienso que este pasado conforma aún nuestras vidas e incluso nuestra forma de ver el país.

-¿Cuestión de 'memoria histórica'?

-Sí. Me encanta la Edad Media. Además, siendo sobrino de una gran medievalista como Micaela Portilla, se puede decir que he mamado el amor por la Historia. Pero creo importante recuperar esa memoria más próxima.

-Hay hechos históricos y una intriga. ¿En qué estantería de género situaría su libro?

-Yo, que he sido librero muchos años, lo pondría en 'narrativa en castellano'. No creo que sea una novela de género, aunque bebe un poco del negro y del histórico.

-¿Cuándo comenzó el proyecto?

-Me enteré de una historia real, que no le voy a contar porque algunos de los protagonistas aún viven y porque estropearía el libro. Creí que daba para hacer una novela. Fue hace un año cuando se lo comenté al editor, Kepa Murua, y arrancó el proyecto.

-¿Cuánto ha influido su labor periodística, dar a conocer una realidad, en la novela?

-Creo que es una de las marcas de mi manera de escribir.

-Aparecen diversos momentos y lugares, como Vitoria, Zamora o México.

-Hay dos tiempos y dos espacios: 1936, en Vitoria, el campo zamorano y México. Y en 1997, Euskadi, Zamora y México. A mucha gente de aquí le va a gustar el libro porque hay personajes históricos de los años 30, como Isaac Puente o Alfredo Donnay, cuya labor como dirigente de la CNT puede sorprender a algunos. México es un lugar que quiero mucho y conozco. Y lo de Zamora lo exige el guión, como dicen en el cine.

-¿Por qué 1997?

-El año 97 fue de gran intensidad en el conflicto vasco, con la muerte de Miguel Ángel Blanco y, posteriormente, el cierre de Egin. A la vez, fue el momento de mayor fuerza del movimiento zapatista en México, con la marcha de 1.111 personas a la capital.

Emigración y progreso

-También aborda el exilio.

-Es una novela que homenajea a los emigrantes en diversos momentos históricos. Por un lado, los exilados que fueron muy bien acogidos por el Gobierno de Cárdenas y que veían posible hacer allí la revolución que no pudieron hacer al perder la guerra, la Revolución Española, como la llamaban los anarquistas. También, los que emigraron a Vitoria en los años 60. Y hoy tenemos que tener en cuenta a los inmigrantes, que van a conformar el futuro de nuestra ciudad. Hay que abrir los ojos.

-¿Como sucedió en el pasado?

-Sí. Hay una gárgola, que describo en el libro, y dejo como juego que el lector la pueda ver en la catedral. Sin quitar méritos al más antiguo, tenemos en este templo un tesoro que hay que ensalzar. Muchos de los canteros que llegaron en 1908 eran socialistas y anarquistas, con ideas de progreso para una ciudad conservadora, como era Vitoria entonces. Para 1936, la CNT era ya el sindicato mayoritario. Y plasmaron en las gárgolas sus ideas, con crítica social o contra la guerra, de manera clarísima. Es precioso.
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