Alguna vez , comentando este tema en nuestra tertulia, he hablado de los dueños de perros que, siguiendo una elemental norma de civismo, recogen del suelo los zurullos de su mascota. Pero es evidente que estos casos constituyen más bien excepciones. Incluso diría yo que escasas excepciones, a juzgar por las cifras que pudimos ver en el citado reportaje y que me han dejado entre perplejo y turulato.
Según dicha información, los servicios de limpieza de nuestro Ayuntamiento recogen al día mas de una tonelada de zurullos caninos de la vía pública. Exactamente 1,2 toneladas que equivalen a 1.200 kilos de zurullos, cifra que justifica de sobra una de mis exclamaciones favoritas ¿Toma canela, Manuela!
La cifra que en principio a mi me pareció exagerada, dejó de ser exagerada cuando me enteré por la misma información de que en Bilbao existe una población canina de 24.000 chuchos. Entonces me puse a echar cuentas y vean ustedes los resultados, si es que no he vuelto a equivocarme otra vez con los números, cosa que por desgracia me ocurre con harta frecuencia.
24.000 perros, suponiendo que todos los días salgan a la calle y dejen su zurullo correspondiente a razón de 50 gramos por zurullo, son 1.200 kilos de zurullos equivalentes a la cifra de 1,2 toneladas diarias que recogen los servicios de limpieza. De donde se deduce que los dueños de perros que respetan las normas de civismo recogiendo los zurullos son una escasa minoría.
Claro que existe una sanción para los caraduras pero, según sigo leyendo en el citado reportaje, el año pasado sólo se pusieron diez multas y con ese porcentaje de sanciones no vamos a ninguna parte. Hay que tener en cuenta que la única ley que entiende el vecindario es la del bolsillo y con diez multas entre 24.000 perros no hay posibilidad de que la norma llegue al alma de sus dueños que, como he dicho antes, radica casi exclusivamente en el bolsillo.






