
La reforma de la Ley educativa vasca para poner fin a los actuales modelos A, B, y D y caminar hacia una escuela que priorice la inmersión en euskera es la propuesta 'estrella' de la legislatura del consejero de Educación. Tontxu Campos (EA) presentó hace más de un año, en marzo de 2007, las claves del proyecto, que será la modificación de mayor calado que se ha operado sobre el sistema educativo de la comunidad en los últimos veinte años. Dada la composición parlamentaria y el rechazo frontal anticipado por populares y socialistas, que suman 33 escaños, el tripartito -32- sólo puede sacar adelante sus planes con el concurso de EHAK -9-, que de momento no se ha pronunciado sobre las pretensiones concretas del departamento. Aralar, que tiene un escaño, no sería suficiente para que PNV, EA y EB alcanzaran la mayoría.
En síntesis, la reglamentación diseñada por el equipo de Campos persigue que todos los alumnos dominen el euskera al acabar la enseñanza obligatoria, lo que se equipara a tener competencias en ambas lenguas oficiales, y pone fin al actual sistema de modelos. De acuerdo con los planes del Ejecutivo, esta norma -que dará cobertura legal al llamado currículum vasco, que establece los contenidos que deberán aprender los escolares y que en materia lingüística se orienta en la misma dirección- impondrá a los alumnos una serie de exámenes obligatorios que determinarán su capacidad en euskera al final de las etapas de Primaria y Secundaria.
En este último caso, el grado que se reclama equivale al examen 'first' de inglés, un nivel que sin embargo ahora sólo alcanza el 57% de los alumnos del modelo D, el más euskaldun. En la práctica, esta elevada exigencia impedirá a los padres optar por escolarizar a sus hijos en castellano. De hecho, hay colegios concertados que ya han empezado a suprimir aulas de modelo A para adaptar sus resultados educativos a los que promete exigir el futuro currículum.
En este escenario, la Cámara vasca abordó ayer una iniciativa del PP en la que se reclamaba a Educación que sea garante de la «libertad de los padres» a la hora de elegir el idioma de escolarización de los hijos y que exigía la apertura de aulas en castellano allí donde exista demanda. Como hizo el miércoles en comisión, el parlamentario Santiago Abascal enfatizó la diferencia entre la «libertad formal» para elegir modelo y la «efectiva» de poder ser escolarizado en la lengua elegida. Puso como ejemplo el caso del centro concertado Sagrado Corazón de Vitoria, donde se han cerrado las aulas de modelo A pese a que 24 padres firmaron ante notario su deseo de que se escolarizase a sus hijos en esta línea.
Los portavoces del tripartito defendieron la necesidad de «superar» el actual marco lingüístico y replicaron a Abascal que el Gobierno «no arrincona el modelo A, sino que lo hacen los padres». La portavoz de EA Onintza Lasa detalló que son muy pocos los alumnos que han pedido modelo A y cuyas peticiones no han podido ser atendidas por carecer de aulas en castellano en los colegios seleccionados: 27 en Vizcaya, 5 en Álava y otros 5 en Guipúzcoa.
Sistema «agotado»
Tanto PNV como EB defendieron que la inmersión educativa en euskera es «la única forma» de que los escolares finalicen los estudios con capacidad para hablar las dos lenguas y, por tanto, «para poder optar por usar una u otra», destacó la peneuvista Arantza Aurrekoetxea.
EHAK calificó de «agotado» el actual sistema de modelos por no garantizar el aprendizaje del euskera y estampó su firma en la enmienda conjunta que permitió al tripartito reclamar a Tontxu Campos que presente ante la Cámara «a la mayor brevedad posible» la reforma legislativa.
Los socialistas pusieron sobre la mesa la necesidad de frenar la tendencia de los centros concertados de eliminar aulas de castellano a pesar de la existencia de alumnos para mantenerlas. «No se puede tolerar», indico Isabel Celaá. «Si actúan así, dando la espalda a las necesidades educativas, habrá que dar por zanjada la concertación con esos centros», exigió. Celaá también fue crítica con la formulación de la futura ley y enfatizó que es injusto el planteamiento de llevar a las aulas la inmersión en euskera porque el castellano ya se aprende en la calle. «Hay que tratar a las dos lenguas con el respeto cultural que se merecen», concluyó.






