
Koeman, que firmó un contrato hasta 2010 y deberá ser indemnizado con seis millones de euros por medio año, o quizás menos, no tiene ningún crédito en un Valencia que tenía previsto celebrar ayer un consejo de administración que finalmente fue aplazado. La decisión sobre el futuro de Koeman estaba ya tomada, pero la presión ejercida durante la madrugada por los jugadores del Valencia ha permitido conceder una prórroga al holandés. El presidente del club, Agustín Morera, ha tenido en cuenta la opinión de la plantilla para que Koeman continúe unos días más en el cargo, aunque si el domingo el Valencia pierde en San Mamés, el técnico no dirigirá los cinco últimos partidos de Liga.
Incluso un empate podría acabar ya con su breve etapa, porque si el Zaragoza se impone el sábado al Recreativo, el Valencia se acercaría a sólo tres puntos del descenso. Los pésimos resultados, con sólo 18 puntos en 21 partidos y un único triunfo en los nueve últimos encuentros de Liga, han colocado al Valencia muy cerca de Segunda y han llevado también a aplazar las celebraciones por el título. Con la amenaza del descenso, el Valencia no está para festejos, porque su pensamiento sólo se halla en salvar la categoría, con o sin el técnico que sustituyó a Quique Sánchez Flores. Si el Valencia no gana en San Mamés, la directiva ya tendrá una 'excusa' convincente para echar al preparador, que sólo ha sido capaz de motivar a su equipo en la Copa, aprovechando las debilidades del Atlético, el Barça y el Getafe.
Su sustituto hasta final de temporada sería el entrenador del filial, Óscar Fernández, acompañado por el ex jugador Mauricio Pellegrino, ya que José Mari Bakero también deberá abandonar un club que ha malgastado 200 millones de euros en las últimas temporadas y ha ido dando bandazos con el cargo de entrenador. El descontento de la afición con Quique Flores, pese a la trayectoria del equipo, llevó al entonces presidente Juan Soler a despedir al técnico madrileño, para evitar que la ira del público no apuntase más arriba. No tardó entonces en obligar a Koeman a apartar del equipo a tres pesos pesados (Albelda, Cañizares y Angulo) que no comulgaban con su política.
«¿Vete ya!»
Sin vender sus acciones, Soler prefirió pasar después a un segundo plano, al dimitir como presidente, oficialmente «por motivos personales», aunque fue la pésima trayectoria del equipo y la crisis inmobiliaria la que le obligó a ceder el sillón, mientras sobre el terreno de juego el equipo deambulaba y Mestalla pasaba del decisivo «¿Quique, vete ya!» al «¿Koeman, vete ya!». Sin embargo, tras la final copera frente al Getafe, incluso parte de la afición valencianista llegó a apoyar al holandés con gritos de «¿Koeman, quédate!». Fue sin embargo un sector muy minoritario el que reclamó su continuidad.
Ayer, un centenar de aficionados que esperaba a la expedición al mediodía en Manises volvió a mostrar su indignación con Koeman, solicitando de nuevo la dimisión de un técnico conservador que no ha convencido a nadie y no ha sido capaz de dotar de un estilo al equipo. Tampoco ha sacado partido de tres de los supuestos últimos grandes fichajes del club: Zigic, el argentino Banega y el holandés Maduro, estos dos últimos en el mercado de invierno. 38 millones de euros se gastó el Valencia sólo en estos tres futbolistas y ni siquiera los necesitó para proclamarse campeón de Copa nueve años después.






