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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Sábado, 26 mayo 2012

Cultura

JUAN IGNACIO VIDARTE, DIRECTOR GENERAL DEL GUGGENHEIM BILBAO
«Me siento respaldado y mi deber es aguantar»
Viajó a Nueva York la semana pasada para informar a la Fundación Guggenheim del desfalco: «Ellos apoyan la reacción que hemos tenido» «Allí se viven cambios, pero el museo de Bilbao es incuestionable»

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«Me siento respaldado y mi deber es aguantar»
AFECTADO. Juan Ignacio Vidarte vive estos días uno de los tragos más amargos de su carrera profesional desde que se hiciera cargo de la dirección general de la pinacoteca bilbaína. / IGNACIO PÉREZ
Unos negros nubarrones sobre Bilbao dejaban paso al sol por momentos el día después de que la dirección del museo Guggenheim sacara a la luz el desfalco confesado por su director de Administración y Finanzas, Roberto Cearsolo. Juan Ignacio Vidarte no oculta su decepción por haberse visto obligado a despedirle y a llevar el asunto hasta los jueces. Su reacción ha sido fulminante, pero se resiste a comentar nada más. Su pretensión era no volver sobre el delicado asunto en esta entrevista con EL CORREO, concertada hace quince días para hablar del futuro de la 'galaxia Guggenheim' tras la próxima marcha de Thomas Krens, después de diecisiete años al frente de la Fundación de Nueva York. Vidarte se presta a abordar el tema sin esconder su preocupación.

-¿Qué impacto puede tener en el seno de la Fundación Guggenheim de Nueva York el asunto del desfalco en el Guggenheim Bilbao?

-He estado la semana pasada allí, y no sólo por este motivo. Así que conocen lo que había pasado y, por tanto, lo que acabamos de anunciar públicamente. Allí lo vieron como un hecho desafortunado. Les pareció que lo que el museo estaba haciendo, y culminó ayer, era lo que debía hacer en cuanto al despido fulminante, la denuncia... Y, por supuesto, en cuanto a la comunicación de todo. Eran conscientes de la repercusión que iba a tener. Allí apoyan la reacción que el museo ha tenido.

«Enorme decepción»

-¿Qué sentimientos provoca lo ocurrido con la persona que ha venido siendo su brazo derecho...?

-Bueno (interrumpe), yo no diría eso...

-Hombre, Cearsolo ha sido muy importante desde hace mucho...

-Era una parte del equipo directivo y sí ha sido alguien importante durante mucho tiempo. Lo sucedido me ha causado una enorme decepción y una enorme tristeza, a parte de lo que supone de indignación y de preocupación por lo que esto implica para el museo.

-¿Ha pensado en algún momento en que quizá debiera reconsiderar su propia posición al frente del museo?

-No se me ha pasado por la cabeza. Hay que hacer frente a los problemas. Los momentos son complicados, pero siento un enorme apoyo, tanto de la plantilla y el equipo directivo, como de las instituciones públicas y privadas que forman parte del museo, los patronos, miembros del honor... Personalmente me siento totalmente respaldado en mi gestión. Y creo que mi responsabilidad y mi deber es aguantar.

-Cambio de tema. ¿Cómo valora la marcha de Krens, alguien tan clave para la existencia del mismo museo de Bilbao?

-Sin él, y también sin algunos otros, este museo no hubiera existido. Fue clave en el origen y desarrollo del proyecto. Y desde la apertura, como miembro del comité ejecutivo, ha seguido siendo una figura absolutamente relevante. Ha sido un valedor siempre de Bilbao. Su marcha, desde luego, abre una nueva etapa tanto para Nueva York, como para las relaciones de Bilbao con Nueva York.

-¿En qué sentido?, ¿se llegarán a culminar los 20 años de relación pactados, que se cumplen en 2017?

-Su salida va a ser significativa, sin duda, pero precisamente lo que se pone en evidencia en esta etapa de cambios en Nueva York es que la importancia de Bilbao, en cuanto al futuro, es incuestionable; lo mismo sucede, por supuesto, con el propio museo de Nueva York, la colección Peggy Guggenheim, de Venecia, y un elemento de futuro como es el proyecto de Abu Dhabi, en el que se va a concentrar Krens. Una aportación suya a la fundación Guggenheim y en el mundo de los museos es la importancia de tener una presencia internacional; otros museos lo están siguiendo ya, como el propio Louvre, de París, también en Abu Dhabi. Bilbao es ejemplo de que la internacionalización de un museo funciona.

-¿Usted mismo puede considerarse parte de la herencia de Krens, un 'hombre de Krens'?

-Bueno, no. Yo he tenido la oportunidad de trabajar con él durante diecisiete años y, desde luego, he aprendido mucho. Ha sido un privilegio. Sin embargo, yo tengo mi propia concepción de las cosas y mi propia visión. He participado en la mayor parte de los proyectos de expansión y es posible que continúe teniendo una participación en este campo; no lo sé. La Fundación Guggenheim de Nueva York está viviendo un proceso de transformación. Reemplazar a Thomas Krens no es sencillo. Todavía no se sabe qué pasará. Lo ideal es que para el verano hubiera ya una decisión; lo que pasa es que justo en estos momentos en Estados Unidos hay quince o veinte instituciones de primer nivel buscando director o en fase de cambio en su dirección. Sólo en Nueva York, están en ello el Metropolitan y el Guggenheim.

-¿La dirección del museo de la Quinta Avenida ya está cubierta tras la marcha de Lisa Dennison?

-No. Hay dos huecos, pero quizá se vuelva a lo de antes, cuando Krens se ocupaba de los dos cargos. Es una de las decisiones a tomar.

-¿Y usted podría ser candidato?

-Je, je (se ríe con ganas y al mismo tiempo se pone colorado). No, no. Mi compromiso está en Bilbao; es algo que tiene claro el consejo de Bilbao y también Nueva York.

-En medio de todo lo que pasa, imagino que la programación del museo le aportará más ilusiones...

-Sin duda. La muestra de Juan Muñoz, a finales de mayo, nos produce mucha ilusión. Es un artista español clave y su muerte prematura da un valor especial a revisar su trabajo. Nosotros somos los primeros en España en mostrarlo. Él tuvo una relación bonita con este museo; tenemos una obra suya importante que ahora está en la etapa inicial de la muestra en la Tate de Londres. Aquí tenemos unos espacios extraordinariamente adecuados para una obra tan escenográfica y dramática como la suya. En el verano además sigue la muestra del surrealismo y su impacto en el diseño de todo tipo, una faceta no contada hasta ahora.
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