
El Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero tiene claro que no quiere prescindir de la figura del mando único, creada hace sólo veinte meses, a pesar de las continuas críticas que ha recibido desde distintos ámbitos profesionales y políticos. Fuentes oficiales y responsables tanto de la Guardia Civil como del Cuerpo Nacional de Policía reconocen que el solapamiento entre Camacho y Mesquida ha sido continuo durante ese tiempo. No se ha tratado de un problema de «incompatibilidad de personalidades» -aseguran-, sino de que ambos tenían «competencias casi idénticas» en materias tan sensibles como la lucha contra ETA.
Interior no desea suprimir la siempre cuestionada dirección única porque sería reconocer que erró en la decisión. Además, el Gobierno defiende que su existencia ha obligado a reunir periódicamente en la misma mesa a los mandos de los dos cuerpos policiales, un avance inédito. La vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega rechazó el pasado lunes cambios de alcance en la estructura de Interior, pero tampoco mostró euforia a la hora de hablar del mando único. Se limitó a señalar que ha funcionado «razonablemente bien».
Así las cosas, el ministerio estudia delimitar aún más las competencias dentro del departamento para evitar choques de poder. Quiere que en el día a día, no sólo sobre el papel, se respete el organigrama de funciones fijado en el decreto que desarrolló la última estructura del ministerio. En él se establece que el secretario de Estado es el responsable de la «dirección, coordinación y supervisión de los órganos directivos», mientras que el responsable de la Guardia Civil y de la Policía está bajo su «dependencia».
Definir las competencias -explican fuentes del departamento- es necesario en este momento, sobre todo con vistas a la lucha antiterrorista. Mesquida fue nombrado mando único en plena tregua de ETA, de modo que había menos oportunidades de que se solapasen sus funciones con las de Camacho. A diferencia de entonces, en los próximos meses la jefatura de las fuerzas de seguridad estará marcada por una ofensiva de la banda, que se prevé dura, según anunció hace varias semanas el ministro de Interior.
Precisamente, Mesquida presidió ayer mismo el último consejo de la Guardia Civil, que forman la treintena de generales del Cuerpo, y asistió a la comida que tuvo lugar después a modo de despedida.
Durante este acto, se dirigió a los presentes para agradecerles su colaboración durante los 16 meses que estuvo al frente del instituto armado y el periodo posterior en el que compaginó esa tarea con la de dirigir el Cuerpo Nacional de Policía. Según las fuentes consultadas por Europa Press, Mesquida trasladó a los generales que en su futura ocupación como secretario de Estado de Turismo utilizará todo lo que ha aprendido de la Guardia Civil.
En busca del candidato
Responsables del Gobierno apuntaron ayer que el nombre del futuro mando único aún no se conoce y que su nombramiento será responsabilidad exclusiva de Rubalcaba, oído el Ministerio de Defensa, habida cuenta de la dependencia orgánica de la Guardia Civil del departamento que dirige desde el pasado lunes Carme Chacón.
Interior busca un perfil muy parecido al que presentaba Joan Mesquida: un gestor bregado en la Administración con capacidad para enfrentarse a los problemas laborales de un colectivo de más de 130.000 funcionarios con intereses muy dispares. Los nombres de dos delegados del Gobierno muy próximos a Alfredo Pérez Rubalcaba, el de un diputado nacional y el de un consejero de Interior de una comunidad encabezan las quinielas, pero sus entornos insisten en desmentir que sean candidatos al cargo.
El nuevo director no deberá enfrentarse a los desafíos a los que tuvo que hacer frente Mesquida, por lo que tampoco hace falta una persona con demasiada proyección pública. Los dos cuerpos están engrasados. Interior ha frenado la sangría que supusieron las jubilaciones por el envejecimiento de las plantillas. Y ya han sido aprobadas las legislaciones sobre el asociacionismo en la Guardia Civil y el régimen disciplinario en ese cuerpo. Aun así, el futuro mando unificado tendrá ante sí el permanente reto de igualar económicamente a las Fuerzas de Seguridad del Estado con los funcionarios de las diferentes policías autonómicas.






