
El nuevo miembro del Gobierno, uno de los hombres que goza de mayor capacidad de influencia sobre José Luis Rodríguez Zapatero, intentó acallar así los comentarios surgidos tras su nombramiento por sus conocidas diferencias con Solbes en la pasada legislatura, en la que dirigió la Oficina Económica de La Moncloa. Su presencia en el Ejecutivo ha puesto en entredicho en algunos círculos el reforzamiento de los poderes que prometió el presidente al titular de Economía para que repitiera en el cargo. Numerosas voces pronostican que la convivencia entre ambos en el nuevo Gabinete socialista será complicada.
Sebastián agradeció a Rodríguez Zapatero su designación y a Solbes que le «haya permitido formar parte de su equipo», momentos después de que su antecesor, Joan Clos, cumpliese con la liturgia del traspaso de la cartera ministerial. Reconoció que «el momento económico no es el mejor de los últimos años», pero restó importancia a los 'tambores' de crisis para añadir que «tampoco es ni va a ser el peor».
El acto protocolario sirvió, al menos, para establecer una especie de 'tregua' entre el nuevo ministro y el vicepresidente en el inicio de la legislatura, a la espera de comprobar cómo se desarrolla la comunicación y el entendimiento entre ellos en el futuro. Solbes, según algunas fuentes, está molesto con el nombramiento de Sebastián, ya que aspiraba a colocar al frente de ese departamento a una persona de su absoluta confianza con el objetivo de mantener el control sobre los temas relacionados con los sectores regulados de la economía y, en especial, con el energético. La rotunda frase pronunciada el pasado domingo por el responsable de Economía en Washington -«el vicepresidente soy yo»- ha sido interpretada por todos los observadores como un toque de atención y una señal evidente de la contrariedad que le ha causado la decisión de Zapatero.
Todos los indicios apuntan que Zapatero ha preferido tenerlo todo, en vez de optar por uno de estos dos 'pesos pesados', a pesar de que su proximidad en la mesa del Consejo de Ministros puede provocar alta tensión. Así, tendrá en el Gabinete la solvencia, la ortodoxia, el rigor y la buena imagen de Solbes en los sectores económicos y financieros, pero también a uno de sus principales colaboradores.
«Sobrevaloradas»
Mientras, diversos sectores económicos han cuestionado la eficacia de las medidas que el Gobierno tiene previsto aprobar el viernes para impulsar la actividad, ante la crisis del sector inmobiliario, y sostienen que se ha «sobrevalorado» su cuantificación monetaria. El vicepresidente las ha cifrado en unos 10.000 millones de euros, aunque otras fuentes aseguran que no superarán los 6.000 millones, que su aplicación será dilatada en el tiempo y más que dudoso su impacto real.
Precisamente, la devolución de los 400 euros a los contribuyentes, la medida estrella que el Ejecutivo aprobará en el Consejo del próximo viernes, es una idea impulsada por Miguel Sebastián en la preparación del programa electoral del PSOE, que no gustó nada a Solbes. El vicepresidente defendió, con escaso éxito, que es necesario retener el 'colchón' del superávit presupuestario con que cuentan las arcas públicas españolas hasta que las cosas se pongan realmente feas, mientras que el nuevo ministro de Industria se inclinaba por lanzar un mensaje de optimismo a los ciudadanos y de apoyo al consumo.
Entre las decisiones que adoptará el Gobierno figura también la de adelantar a las empresas la devolución del IVA correspondiente al ejercicio de 2007. Desde el Ministerio de Economía se ha argumentado que con ello se pretende mejorar las condiciones de financiación de las pequeñas y medianas empresas, pero los expertos estiman que su efecto será mínimo. El adelanto tan sólo será de dos meses -estas cantidades suelen devolverse en junio- y el número de empresas que optan por exigir la devolución del IVA, frente a la opción de compensarlo en ejercicios futuros, también es muy reducido. Hay que tener en cuenta que Hacienda siempre aplica una respuesta contundente a quienes reclaman este dinero: antes de pagar realiza una inspección.
La concesión de avales para apoyar los préstamos vinculados a la construcción de viviendas de protección oficial, por último, puede ayudar a solventar el problema de algunas empresas promotoras, pero incide en un terreno que no es precisamente el más débil del sector. La construcción de VPO, aseguran en el sector bancario, es la menos afectada por las estrecheces crediticias vividas en los últimos meses.






