Estaba en Villa San Martino con su círculo íntimo. No sus aliados políticos, sino sus socios: el presidente de sus televisiones, Fedele Confalonieri; el del Milan, su club de fútbol, Adriano Galliani; el abogado que le defiende en sus procesos y también diputado, Nicolò Ghedini, y el consejero delegado de su empresa de publicidad, Giuliano Adreani.
Berlusconi se dijo «conmocionado» y, para empezar, apuntó que su éxito le confirma en la idea de que las elecciones de 2006 «no fueron regulares». Luego, como ha hecho en la campaña, avisó de que esta vez no habrá milagros sino medidas impopulares. «Es una gran responsabilidad y nos esperan meses difíciles, con decisiones para modernizar el país», reconoció. Para ello se mostró dispuesto a colaborar con la oposición para consensuar las grandes reformas.
Primeros retos
Entre los primeros retos enumeró la crisis de la basura de Nápoles -ha prometido celebrar allí su primer Consejo de Ministros- y la quiebra de Alitalia, donde se opone a la venta a Air France. También citó la ayuda a familias, ancianos y empresas, reanudación de grandes obras, reforma de la Administración pública, reducción de la deuda pública mediante la venta de patrimonio...
El perdedor, Walter Veltroni, hizo como los políticos del resto del planeta. Hacia las ocho, previendo la derrota, salió al escenario de la sede de su partido y anunció que había llamado a Berlusconi para felicitarle. «El desafío no ha logrado su objetivo», admitió. En su opinión, la Liga «hipotecará» el nuevo Gobierno.






