
La fusión entre la eléctrica y Gas Natural es la alternativa que más consenso suscita para abordar la reordenación energética y, sobre todo, para conjurar la amenaza de un asalto por parte del grupo francés EDF. Pero, como se ha demostrado en las numerosas ocasiones en las que se ha planteado esta combinación en el pasado, no es una operación fácil. Uno de los problemas que presenta es el reparto de poder. En virtud del canje de títulos, La Caixa y Repsol se convertirían en los principales accionistas del grupo resultante e incluso llegarían al 27% si le compran su parte a ACS, liderada por Florentino Pérez. La caja catalana y la petrolera exigen una capacidad de influencia en la gestión acorde con ese peso y Galán se resiste: no acepta que tomen las riendas los dueños de Gas Natural, que sólo vale en Bolsa 17.000 millones frente a los 46.000 de Iberdrola.
En concreto, La Caixa, que controla un 35% del operador gasista, alcanzaría un 9% del grupo resultante de la fusión, mientras que Repsol se situaría en el 7,6%. A esos porcentajes habría que sumar el 13% de ACS, que quedaría reducido a un 9,7%.
La participación de los actuales accionistas de Iberdrola, con la BBK a la cabeza, sufriría una gran dilución. La caja de ahorros vasca pasaría del 7,2% actual al 5,4% y la valenciana Bancaja, del 6% al 4,5%.
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Una de las soluciones a este conflicto es buscar algún inversor que entre en el proyecto y ejerza de contrapeso para La Caixa y Repsol. Ya se ha sondeado a Caja Madrid, a la que el propio Galán invitó en público a entrar en el capital de la eléctrica en noviembre de 2007, justo cuando la entidad financiera se marchó de Endesa. Pero, hasta el momento, el presidente de la caja, Miguel Blesa, no ha dado señales de estar muy interesado en la propuesta. Fuentes cercanas al proceso consideran una lástima su ausencia en esta iniciativa ya que su incorporación garantizaría el apoyo del Partido Popular, que controla la caja.
«Encontrar una alternativa a Caja Madrid es muy difícil en estos momentos. No hay liquidez en el mercado y, en estas condiciones, es muy complicado que una entidad financiera consiga los recursos para adquirir un paquete accionarial en Iberdrola», advierten fuentes cercanas a la compañía.
De cara a la fusión, Galán no sólo quiere dejar patente la diferencia de tamaño entre ambas empresas, sino recordar que es Gas Natural y no Iberdrola la que tiene más problemas para afrontar su futuro en solitario.
Además, la amenaza de un asalto por parte de EDF parece haberse diluido debido a que el grupo francés ha desviado su atención en las últimas semanas hacia British Energy -se especula con que va a presentar una OPA por el 100% de su capital-.
Sebastián
Otra incógnita que ha surgido en el proceso es el papel que desempeñará el nuevo ministro de Industria, Miguel Sebastián, que tiene en sus manos el departamento de Energía. En su momento, el que fuera responsable de la Oficina Económica de La Moncloa trató de frenar la entrada de E.on en Endesa, por lo que se le considera defensor de los campeones nacionales. En este sentido, se supone que facilitará la fusión entre Iberdrola y Gas Natural como fórmula para garantizar que España siga teniendo un gran conglomerado energético.
No obstante, también se cree que buscará una salida para contentar a EDF, controlada por el Estado francés, que podría consistir en que los activos que se desinviertan pasen al grupo galo.
Su opinión en este asunto despierta un gran interés, como lo demuestra el hecho de que ninguno de los primeros 'espadas' de las principales empresas energéticas del país faltaran ayer a su toma de posesión del nuevo cargo ministerial.






