
Lo del Koeman y el Valencia es otra cosa. El conjunto ché llega a la final sumido en una crisis tan profunda que ni siquiera la conquista del título de Copa le serviría para redimirse de una campaña nefasta. Los propios aficionados levantinos son conscientes -y la perspectiva no les entusiasma, claro- de que incluso la alegría de una hipotética victoria ante el Getafe sería una alegría efímera; unas horas de celebración antes de cruzar los dedos pensando en el partido de San Mamés; un duelo a vida o muerte. Y es que, con 39 puntos, el Valencia se encuentra metido hasta las rodillas en el fango de la lucha por la salvación. Ronald Koeman, por su parte, se juega mañana algo más que un trofeo que serviría para que dejen de insultarle por las calles y en Mestalla descuelguen los monigotes con su nombre. El miércoles tiene su última oportunidad de no ingresar en la particular 'Historia de la Infamia' valencianista.
Dos sorpresas
Lo cierto es que resulta curioso que dos entrenadores que bebieron en las mismas fuentes de la sabiduría y, durante cinco temporadas -entre 1989 y 1994- compartieron en el Barcelona no sólo éxitos -una Copa de Europa y cuatro Ligas- sino una misma idea de fútbol, se encuentren en una situación tan antagónica en su primera experiencia en los banquillos del fútbol español. Puede decirse que tanto Koeman como Laudrup han protagonizado esta temporada dos sorpresas de diferente signo. La buena y la mala. El holandés llegó al Valencia la última semana de octubre después de que Juan Soler despidiera a Quique Sánchez-Flores. Tras rescindir su contrato con el PSV, el técnico de Zaandam se dispuso a triunfar en un Valencia que, después de nueve jornadas, marchaba cuarto en la clasificación con 18 puntos, a 4 del líder, el Real Madrid. Aparte de ello, el equipo sobrevivía en la Champions y en la Copa.
Al cabo de seis meses, el prestigio de Ronald Koeman se encuentra por los suelos, a la altura del barro. Lo mismo, por cierto, que el de su ayudante, José Mari Bakero, que últimamente va de éxito en éxito el hombre. Con su trabajo en el Vitesse, el Ajax y el PSV -su paso por el Benfica no fue muy brillante-, Koeman se había hecho una reputación en el fútbol. Había ganado tres ligas holandesas y su nombre ya sonaba en la órbita del Barcelona. El Valencia, de hecho, se presentaba como una estación de paso hacia Can Barça. Lejos de lograr su objetivo, el futbolista del que salió como un cohete el balón que dio al Barça su primera Copa de Europa ha protagonizado un desastre sin paliativos. No sólo rompió el vestuario con la exclusión de Albelda, Cañizares y Angulo sino que ha hecho picadillo al equipo, cuyo juego es deplorable y en 23 partidos de Liga sólo ha sumado 21 puntos, unas cifras de descenso directo. Por no hablar de que quedó último en su grupo de la Champions, lo que ni siquiera le permitió jugar la UEFA. Apenas en la Copa han dado el Valencia alguna señal de la categoría que se supone al equipo que más internacionales aporta a la selección.
Gran gestión
Michael Laudrup vive un cuento completamente distinto. Su currículo como entrenador era muy escaso. Durante algunos años tras su retirada, el genial futbolista danés ni siquiera pareció muy interesado en ligar su vida a los banquillos. Demasiada tensión. Le iba mejor con el vino. Sin embargo, le acabó entrando el gusanillo y comenzó a trabajar como ayudante de su amigo Morten Olsen en la selección danesa. De ahí pasó al Brondby, su equipo de toda la vida, donde estuvo dos temporadas y ganó una Liga y dos Copas.
Su tirón como técnico no tenía que ver con esos títulos en un campeonato tan modesto sino con su grandeza inolvidable como futbolista en la Juventus, el Barcelona y el Real Madrid. Laudrup, sin embargo, ha dado sorprendido a todos para bien. Puede decirse que se ha revalorizado en la misma medida en que Koeman se ha depreciado. Y no sólo por sus resultados -una permanencia holgada, los cuartos de la UEFA con hazaña incluida y la final de Copa- sino por su buen fútbol y por su magnífica gestión de una plantilla que acumula de 53 partidos, la mayor carga de un equipo español.






